HUELE a ría. El mar apenas está rizado. Pasa un pastor belga con una antena parabólica en la cabeza. En el parque, dos bancos se miran, frente a frente, como dos amantes. Del cielo llega un avión entre nubes de ceniza. Seis chavales juegan al fútbol, tres pa tres, sin porteros. Dos son mulatos. Un negro tira a canasta. Un niño en bicicleta derrapa. Se quita el casco y es oriental. El café lo sirve una cubana. No estoy loco. Estoy en A Coruña y hay tanto mestizaje como en la villa olímpica. España le ganó por un gol a Corea del Sur en balonmano. Un italiano y un portugués le hicieron un roto al resto en ciclismo. Dos australianas vencieron contra pronóstico a dos brasileñas en voley playa. La vida, siempre es así: contra pronóstico. Como la quiniela millonaria. En Galicia hay coreanos, australianos, brasileñas, lusos. Somos tan mestizos como en las Olimpiadas. Hay que saber disfrutar esa fortuna. Bendito lo mestizo, sin cálculos. El domingo, con el sol triunfando en oros en el cielo, vi cómo dos guatemaltecos y un egipcio comían de la misma empanada. Cuantos más sabores de empanada, mejor, ¿no? Árabe no es sinónimo de terrorista. Ni caribeña, de prostituta. Ni gallego, de buena persona. cesar.casal@lavoz.es