«MAR adentro» es una película de tesis, que pretende una influencia política y prolonga brillantemente la atención mediática que, sin motivo, mereció el caso Sampedro. En función de esto, por lo tanto, debe ser juzgada. Los aspectos estéticos -dirección de actores, la maestría fotográfica de Aguirresarobe- contribuyen a la persuasión sentimental del espectador. Pero, ¿de qué le convencen? De que está ante un relato verídico, en primer lugar. Y no lo es. La escena del jesuita tetrapléjico que visita a Sampedro no se dio en la vida real. Amenábar la aprovecha para ridiculizar de manera tosca toda discrepancia. Muy fácil, muy eficaz el sistema, pero nada bonito. Mentiroso. La otra tesis, más o menos explícita, deriva de la construcción del protagonista como un héroe que tiene la valentía de quitarse de en medio y ahorrar sufrimientos y trabajos a su familia. Pienso en los 35.000 tetrapléjicos españoles que aceptan su limitación y luchan por vivir en tan duras circunstancias. Son, insisto, 35.000 contra uno. La película no sólo silencia sus argumentos: les llama cobardes y egoístas, aunque en dos instantes el protagonista intente negarlo. Me parece cruel con ellos y con sus familias. Mentirosa, pastelera y cruel.