San Pedro

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

09 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

GALICIA adentro, muy adentro, justo en la manzana del corazón. Vida adentro, muerte adentro. Amenábar borda una película profunda, un puzzle que encaja. No era fácil. ¿Cómo se cuenta la historia de un hombre que sólo mueve el cuello en la pantalla? La respuesta está en el filme. Pocas veces se puede decir de una creación artística que no sobra ni falta nada. Conocí a Ramón Sampedro. Estuve con él en su reino, con los montes pelados por el viento rudo de O Son en el lienzo de la ventana, con su telón de libros y la lámpara de caracola de mar. Lo saqué en una serie que se llamaba Corazones Solitarios, donde él encajaba a la perfección. Amenábar refleja muy bien la ironía gallega, la de Sampedro, la de todos nosotros. Ese fino regate de ingenio. Sampedro era así, aunque un poco más crudo sobre su situación. Perfectas las dos frases del padre: «Parece que mañá vai chover» y «só hai algo peor que che morra un fillo, que se quera morrer». Y Bardem, otro recital. Como sus compañeros de reparto. El talento de Amenábar, por ejemplo, en cómo cuenta la vida de Ramón antes del accidente con una caja de fotos. Y la eutanasia sobre la cama. El protagonista bromearía: A quien Dios se la dio, Sampedro se la quitó. cesar.casal@lavoz.es