Ustedes mismos

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

05 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

CATALUÑA CLAMA más dinero y otro Estatuto. Euskadi clama soberanía y así tratar de igual a igual a la nación española. Catalanes y vascos se permiten dar carta de naturaleza como nacionalidad histórica a Galicia. Las comunidades «sin derechos históricos», antes regiones, empiezan a protestar para evitar la asimetría del nuevo Estado. Los catalanes, siguiendo el dicho de «lo que no son pesetas son puñetas¿», han planteado negociar de forma bilateral con el Estado, el agujero de la sanidad catalana, sin renunciar a su «derecho histórico» a más inversiones para infraestructuras. No me gustaría estar en la piel de Zapatero. Su partido puede ser el instrumento que consolide la desvertebración del Estado, de tal manera que a la hora de ejercer la ciudadanía real, no será lo mismo vivir en los fragmentos del Estado rico, por derecho histórico, que en el Estado pobre, por derecho histórico a que sus ciudadanos cambien, emigrando de ciudadanía, y así tener mejor sanidad, educación, varias televisiones públicas, seguridad, carreteras, trenes y puede que sueldos, pensiones o exenciones fiscales a las empresas. La verdad es que estoy harto de que jueguen con mi soberanía, y me hagan pueblo cada vez que les interesa poner sobre la mesa de la refriega política unos derechos históricos que son los privilegios de unos a costa de la miseria de los otros. Y si no, que alguien me explique las razones de la emigración de los gallegos por esos mundos de Dios, incluida la Cataluña de las inversiones con motivo de la Olimpiada, o cada vez que Pujol daba su apoyo al Gobierno central. Incluida la Euskadi del ser para decidir y así comportarse como el pueblo de la soberanía originaria, en la que la sociedad se compone de los vascos y los trabajadores llegados de fuera, a los que en caso de referéndum no sabemos si se les permitirá participar, dada su no condición de pueblo vasco. Estoy harto de que tengamos que sufrir una catástrofe para que reconozcan las necesidades históricas de Galicia, y así garantizar el derecho de sus ciudadanos a elegir el vivir en su tierra sin tener que ser parias en el extranjero. A los partidos se les olvida que son meros intermediarios entre los soberanos (ciudadanos, que no pueblo) y las instituciones que administran el poder para acceder con dignidad a la ciudadanía. Don sin din, campana sin badajo¿ Y a los gallegos nadie nos dice lo que somos.