La foto del verano

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

SALIÓ velada, entre nubes y claros, isobaras retratadas y frentes borrascosos, como si no fuera siempre así, y como no hay mal que por bien no venga, las lluvias de agosto frenaron los incendios de julio. El mejor retrato fue el que nunca se hizo de un conselleiro bailando la danza de la lluvia, tecnología punta para combatir el fuego, que una vez mas incendió Galicia por los cuatro costados. Por cierto, ¿por qué no se queman los montes del País Vasco y de Cantabria, por citar únicamente a dos autonomías hermanas? Hubo muchas fotografías en este agosto gallego, al menos un carrete de los de antes de los soportes digitales. Algunas eran fotos antiguas, daguerrotipos, como las del abrazo político de Perbes les deux eglises , en vísperas de la proclamación de «o noso candidato». Esa foto viene de lejos, es una foto en sepia que ya ha sido reproducida en vallas electorales y folletos políticos en otras ocasiones. Ya no admite más retoques. Aunque igual no es un retrato de verano sino una radiografía que diagnostica a la sociedad gallega y su orfandad de líderes. Ya veremos. Hay otra foto pospuesta en agosto, una fotografía que todavía no se ha revelado en el laboratorio de los Presupuestos del Estado, el puerto exterior de A Coruña, es sólo un retrato virtual en el por ahora agosteño, un capítulo por consignar en el replán Galicia que va a traer Zapatero debajo del brazo cuando se acerque a Lugo por el San Froilán, que como el presidente del Gobierno también era leonés aunque Lugo lo convirtiera en santo patrón. Froilán domesticó a un lobo; a ver si aprende el presidente y amansa a las manadas de lobos aulladores de la oposición. Difícil lo tiene. Como difícil y complicado está fijar la fotografía del nuevo diseño del plan que nunca existió y que logró convertirse en la panacea emocional de todos los gallegos. Pintar un nuevo plan en periodo electoral autonómico con un AVE rampante, un ferrocarril nunca visto que acerque Madrid a menos de tres horas, como divisa -otra vez- de la modernidad que se anuncia suena a estribillo ya escuchado de una vieja canción de verano. Porque en este país tenemos necesidad de creer incluso nuestros propios sueños, o cuando menos convertirlos en reivindicaciones inaplazables, empezando por lo probable hasta alcanzar lo posible, que en Galicia siempre se convierte en utópico. Menos mal que ya se habla en voz alta de la finalización de la Transcantábrica y hasta del nuevo puente de Lugo sobre el Miño. Este verano cada fotografía era un discurso, el mismo que llevamos escuchando todo el invierno, idéntico al que se cansarán de repetirnos en este otoño que amenaza con inaugurarse, un otoño lleno de proclamas, de precompromisos, de obras por hacer, y por deshacer y de decir muchas veces digo para decir que era Diego. En realidad la foto del verano es, como siempre, una foto fija.