Medalla de oro para un sitio distinto

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

MARÍA JOSÉ, la panadera, estaba despachando pan y magdalenas a sus vecinos de Cangas, mientras su hijo David subía a una piragua C-1 y se proclamaba campeón olímpico en la distancia de 1.000 metros. Aunque era evidente que tenía un televisor en la tienda -¡faltaría más!-, las llamadas de la radio no le dejaron ver a gusto los 3 minutos y 46 segundos que empleó su hijo en la hazaña, y, lejos de poder esperar a que el chaval recuperase el resuello y se colgase la medalla que España entera proclama como suya, la obligaron a hablar con el campeón olímpico en público, para felicitarlo discretamente, reirse sinceramente y lamarle «churri» cariñosamente, como hacen las mamás. La escena da mucho de sí para los programas deportivos, para la prensa rosa y para los programas patrioteros que hace la TVG. Y por eso me abstendré muy mucho de pisarle el terreno a la multitud de especialistas que se reparten por tercios el 99 por ciento de la audiencia española. Pero en mi condición de politólogo no puedo dejar de comentar la lección de organización territorial que doña María José nos dio a los gallegos, que en modo alguno debe perderse en las ondas. La panadera debía saber que en el momento en que ella hablaba con su chaval, la escena era vista por muchos millones de personas en todo el mundo, desde Pekín a Nueva York y desde Sidney a Budapest, y bien pudo pensar en que toda España estaba vibrando de emoción con el héroe de 21 años que aguantó el temible tirón del alemán Dittmer y del húngaro Attila Vajda. Pero el mundo de María José tiene una definición mucho más entrañable, y, en vez de ensancharse con el éxito fenomenal de su hijo, se redujo milagrosamente a la tierra que pisaba. Por eso vale la pena reproducir exactamente lo que le dijo a su niño cuando ganó la medalla: «Todo el mundo está contigo¿ ¡Vilariño en pleno, churri!». ¿Cómo será Vilariño? ¿Dónde está ese pueblo cuyo reconocimiento le paga a una madre el inmenso sacrificio de su hijo? Antes, cuando los amores se ganaban por correo, los novios escribíamos con mucha precisión la dirección de las chicas, para evitar la terrible hipótesis de que la carta se la diesen a otra. Y por eso aclaro que si alguien quiere felicitar a David Cal, o declararle su amor, debe poner en el sobre lo siguiente: «lugar de Vilariño, parroquia de Hio, concello de Cangas, provincia de Pontevedra, Galicia, España (Unión Europea)». Claro que a María José le importa muy poco la avalancha de fama que le espera a su hijo, porque a su merecido orgullo le sobra la admiración de su aldea. «Vilariño en pleno está contigo, churri». El mejor premio que recibió David Cal por su gesto heroico y su tesón infinito.