El ruido de la bomba

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

PASEABA por la orilla del mar pisando la arena de la playa de Areas, a unos dos kilómetros de Sanxenxo. Un ruido seco y breve me hizo mirar hacia el mar. Creí que era el golpetazo de una ola al romper en la orilla, pero el mar estaba manso y las olas acudían a la arena con suavidad. Pensé en una veloz barca que levantase la quilla y golpease contra el agua, pero tampoco había ninguna en el horizonte. No encontré la causa y seguí paseando, olvidándome del ruido. Luego supe que era la explosión de una bomba colocada en un contenedor de basura en una esquina del club náutico de Sanxenxo, que se ha quedado varado, alejado del mar, por el dique que ha servido para ampliar el puerto deportivo. Eran los etarras con su extraño recorrido veraniego. Parece que ya no quieren matar a nadie, lo cual supondría un giro importante en su estrategia del miedo. Pero deberían depositar en los contenedores sus ideas basura, en vez de las bombas, y contribuir con el resto de las personas al engrandecimiento de España.