Ríanse

ASSUMPTA ROURA

OPINIÓN

20 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA RISA es un referente cruel, tanto que a quienes les duele la risa pretenden que nos riamos con unos humoristas de saldo que salen en televisión y escenifican el patetismo. Será por eso que la risa está en crisis, por el hartazgo de aceptar gato por liebre y simular que nos sienta bien. Si será cierto lo de la crisis de la risa que cada vez con mayor frecuencia se abren centros de apoyo psicológico en los que se enseña a reír. La risa cura a condición de que sea sincera, una suma de visceralidad e inteligencia al cincuenta por ciento, una transgresión, en fin. Lo demás es una estafa, un psicotropo para bobos. Lo he comprobado en varias ocasiones y esta última semana ha sido una de ellas. Me he reído muy en serio leyendo el libro del periodista Rafael Martínez Simancas, Estoy en el candelabro, editado por Esfera, que dirigen dos buenos editores: José María Calvín e Ymelda Navajo, a quienes amo profundamente y ellos lo saben. El trabajo del autor consiste en abrir en canal este país nuestro y psicoanalizarlo partiendo de esas frases que, en boca de empresarios, banqueros, políticos y esos bárbaros conocidos como famosos, han sido titulares destacados en todos los medios de comunicación aunque en la mayoría de los casos ni tengan sentido ni digan absolutamente nada. Si el psicoanálisis, a través de la palabra, llegó a conocer verdades profundas que escondidas en el subconsciente le pudren a uno, Rafael Martínez Simancas nos muestra, al menos a los que queremos ser buenos entendedores y usar el humor como instrumento laico de transgresión , cómo a través de esas frases desgraciadamente célebres se puede psicoanalizar la realidad profunda de este país y conocer bien el grado superlativo de ignorancia que a saber si es la causa de nuestro estado de coma permanente. Un país son muchas cosas, sin duda, no obstante tienen su síntesis en lo que dicen aquéllos a los que hemos ensalzado como mitos o representantes nuestros. Y eso es precisamente lo que viene a decirnos, burla burlando, el libro al que me refiero. Martínez Simancas tira a matar sin engaños, sin juegos que distraigan, sin contemplaciones y lo hace con la palabra y la sintaxis nítidas frente a ese manantial de palabras que nos viene cayendo encima y nos delata. La risa, lo sabe el autor oficiante de psicoanalista y forense, no se la merecen los que están en el candelabro. Y yo añado que si hay que reírse es porque no se lo merecen.