SI BIEN las sociedades mixtas de pesca nacieron en España al amparo de un decreto de 1976, la historia enseña que costó veinte años su aceptación política y social. Que hoy se haya constituido un clúster de empresas mixtas, y que incluso se asista a puntuales reescrituras de la historia, no debería hacernos olvidar que no fue hasta marzo de 1997 cuando un conselleiro de Pesca asume públicamente este tipo de estrategia -la empresa mixta- como adecuada, defendible e incluso gallega. No es casual que esta asunción se produzca al regreso de una visita a Argentina, en cuyas aguas las empresas gallegas actuaron desde finales de los años 80, primero en la milla 201, donde llegaron a capturar veinte mil toneladas, y desde 1994, año de entrada en vigor del acuerdo de pesca Argentina-UE, a través de compañías mixtas. Esto supuso un incremento de flota y de capturas de merluza en el mar argentino. Se alcanzaron las seiscientas mil toneladas, mientras que el rendimiento máximo de la pesquería se estimaba en apenas cuatrocientas mil, lo que llevo los stocks de merluza del sur a situaciones de precolapso. Por ley de 1999 se estableció la emergencia pesquera, reduciendo la mortalidad por pesca en un cuarenta por ciento, lo que ha permitido una recuperación de la merluza. Pero en esa nueva estrategia de pesca se agudiza el conflicto propio-ajeno derivado de las excepciones a las que se acoge la flota congeladora. Las tensiones sobre el nuevo reparto de las cuotas de pesca de merluza -donde según patronal y sindicatos la autoridad se inventa pescado- deben interpretarse en este contexto: una situación de riesgo para la población de merluza, y una confrontación de intereses entre los buques congeladores y los de fresco sobre un recurso en peligro. Pero para quienes allí actúan, no debería pasar desapercibido que si el mar argentino fue solución para la flota excedentaria de gran altura, a no dudar -y si la situación política del país alcanza un grado de madurez y estabilidad- será un campo de pruebas para la reivindicación de la extensión de la zona económica exclusiva a 350 millas, pero también para que las empresas mixtas desarrollen nuevas estrategias que mantengan los recursos y disminuyan la intensidad de los conflictos. En su propio beneficio.