Nacionalidad

OPINIÓN

ASTURIAS es España y el resto territorio reconquistado. Se lo hemos oído muchas veces a nuestros vecinos del otro lado del Eo. Hoy tengo más dudas que ayer. De tanto forzar la lectura de la Constitución, algunos confunden derechos históricos de los territorios forales, con territorios históricos. De tanto manosear los términos nacionalidades y regiones, algunos deciden que son nacionalidad histórica, para situarse en un plano de superioridad sobre los españoles. ¿Soy español? ¿Puedo afirmarlo sin que me tachen de reaccionario y facha? ¿Es compatible a estas alturas decir que mi condición de gallego es una manera de ser español? Sigo pensando que el discurso de Maragall esta hecho para llamar la atención y evitar que la llame Carod Rovira; salir por delante de cualquier iniciativa de CiU sobre el futuro de Cataluña; y convertirse en el paladín de las reformas del modelo de Estado, evitando que sean los nacionalistas los que tiren del carro para modificar la Constitución. Habría que saber, de todo lo que dice, cuánto está previsto en la fontanería de la sede del PSOE y cuánto está previsto para que choque y se desactive, ante los derechos a la igualdad, solidaridad y libertad, que constituyen los viejos principios del socialismo, y que deben ser la base garante de la ciudadanía en cualquier punto de la geografía del Estado. Tras las reuniones de Zapatero con los presidentes autonómicos, se evidencia que todas las comunidades quieren reformas de su autogobierno, lo que lleva inexorablemente a la reforma del bloque Constitución-Estatuto. Tras las declaraciones de Maragall, lo que pretende Ibarretxe ya no es «de cárcel». Y como siga así, puede alcanzar al discurso de Otegi, cuando ponía sobre la mesa las condiciones para la paz en Euskadi. Mientras tanto yo sigo con mis dudas para saber qué soy y qué seré mañana. Es imprescindible separar el debate sobre capacidad de autogobierno y su correspondiente financiación del debate trasnochado sobre el pasado histórico, en el que puede haber una mezcla de mitos y privilegios consolidados por obra y gracia de la fuerza, nunca de la razón. Espero y deseo lo mejor para mi Galicia, hasta ahí llega mi nacionalismo. No quiero que mi gente tenga que volver a hacer la maleta por desigualdades para con los derechos sociales. Y confío en que los socialistas no acuñen algo así como «La desigualdad es bella».