SI LA INSPECCIÓN de Hacienda fuese independiente, podría sacar la roja directa a varios clubes de Primera y Segunda División. Y si la Justicia midiese a los clubes de fútbol con el mismo rasero con el que mide a las pymes que generan uno o dos puestos de trabajo, el Campeonato de Liga podría terminar antes de Navidad. Aunque es muy vistoso, por afectar al símbolo más querido del futbol gallego, el conflicto salarial entre Fran y el Deportivo no es más que la punta del iceberg de una situación que clama al cielo en distintos aspectos. La locura de los fichajes, que constituye un píngüe negocio para directivos e intermediarios, deviene finalmente en abusos intolerables sobre muchos jugadores que, sin contar con la protección del estrellato, acumulan sus reclamaciones en la AFE o la Magistratura del Trabajo. ¿Y por qué -pregutarán ustedes- suceden estas cosas? Porque hace mucho tiempo que la Liga de las Estrellas se sostiene sobre una ingeniería financiera que confunde un fabuloso negocio privado con una descarada mezcla de tolerancia fiscal y laboral, enjuagues urbanísticos, subvenciones, utilización del patrimonio público, y una extraña apropiación de la programación televisiva que, a base de obligarnos a ver fútbol a todas horas, convierte a las televisiones en puras financieras de un negocio que, sin ese auxilio social forzado, estaría en quiebra. Y esa es la razón por la que, obligados a mantenerse en la lonja del reparto (la Primera División), los clubes responden huyendo hacia adelante. Hubiera sido muy bueno que, en vez de colgar en la red el contrato de Fran, Augusto César Lendoiro hubiese puesto en Internet el balance empresarial del Deportivo. Porque con ese simple gesto podríamos intuir a qué se debe que este día de San Ignacio nos haya cogido con el Depor en conflicto, el Compos en trámite de liquidación, el Celta poniendo las barbas a remojar, Ruiz de Lopera a punto de sentarse en el banquillo, el Real Madrid entrenando de prestado por causa de las recalificaciones, el Barça pidiendo un trato similar al del Madrid, el Atlético de Madrid preso de la truculenta historia de Gil y el presidente del Sevilla investigado por negocios especiales realizados en Marbella. Y así hasta el infinito. Por eso hay que pedir una vez más, viendo que la historia se precipita, que se aplique la ley a los clubes de fútbol con el mismo rigor que se le aplica a los camioneros, y que, lejos de hacer borrón y cuenta nueva a costa del erario público, se opte por el criterio de luz y taquígrafos. Porque si no estamos atentos, nos van a meter otro gol en nuestra cuenta corriente. Y ya iríamos perdiendo por un 0-3, muy difícil de remontar.