No más agravios

OPINIÓN

QUERIDO MUNDO

25 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UN DÍA ya lejano le oí retranquear a un paisano en Compostela: «Nós non somos o noroeste, nós somos o centro. Se miramos o mundo desde aquí, Galicia non está nin ó noroeste nin ó sur de nada. Está onde ten que estar: no medio e medio de todo». Pensaba en esto mientras leía la noticia de que José Luis Rodríguez Zapatero había aprovechado la celebración del Consejo de Ministros del viernes en León para anunciar un plan de lucha contra la marginación del noroeste, es decir, un paquete de medidas para acabar con el aislamiento y «recuperar el tiempo perdido». Para lo cual anunció inversiones por valor de 6.000 millones de euros. ¿Había dicho noroeste? Sí, y en ese noroeste estaba incluida Galicia, por más que le pueda pesar al retranqueiro paisano cuya memoria se me vino a la cabeza. La cuestión era saber cómo quedaba de favorecido o malparado el denominado Plan Galicia. Y este periódico ofrecía unas informaciones inquietantes el fin de semana, con el AVE Galicia-Madrid aplazado dos años (para el 2011), con la Xunta «agraviada», con Quintana diciendo que el Gobierno socialista «empieza a fallarle a los gallegos», y con Pérez Touriño manteniendo la vigencia de los compromisos anteriores. Es decir, en León todos contentos y en Galicia, mosqueados: no vaya a ser que nos sobrevenga otro agravio. Hasta aquí la descripción de los hechos. Porque lo relevante es que termine este baile de promesas y fechas equívocas, para que el resultado no sea el fomento de una desconfianza capaz de poner en pie otro agravio histórico. Ya está bien de agravios y de nuestra predisposición a anticiparlos. Lo que es bueno para el noroeste tiene que ser bueno para Galicia, si no ¿de qué estamos hablando? «Ninguna comunidad puede quedar atrás», aseguró Zapatero al anunciar las inversiones. Pero los datos deben acreditar la afirmación. El Plan Galicia no es una pieza que se puede colocar en cualquier parte del calendario. Es el eje del carro que debe llevarnos al futuro. No entenderlo así, sería favorecer suspicacias y desencantos que nadie desea. Por eso es tan necesario cifrar todos los compromisos. Y cumplirlos.