Gades, Antonio

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |

22 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ME GUSTA la diferencia, los diferentes. Gades era un huracán de vida. Ya está bien de tanto equilibrio, de medir los centímetros. Tenemos que fijarnos en los que desequilibran, en los que crean, avanzan, cronopios, debatir, lo mestizo, hacia adelante. Gades era un creador. La danza perdió más que un par de pies. Era un tipo diferente. Cuatro matrimonios, cinco hijos, siete coreografías (Carmen, Fuenteovejuna, Amor Brujo...). Hermano de Lorca, primo de Buñuel, nieto de Cervantes, sobrino de Picasso, español, murió a las cinco de la tarde, navegó de Altea a Cuba, una de sus debilidades, en un velero cuando el cáncer ya surcaba su cuerpo. Se probó hasta el último aliento. Le perdía el tabaco. Era militante del Partido Comunista de los Pueblos de España. Al hablar era tan certero como con el tacón sobre el tablao: «Hoy los artistas sufren porque no venden. Antes sufrían porque no lograban plasmar los sentimientos en su obra, ¡y se suicidaban si hacía falta! La gente quiere ser genial a los diez minutos de empezar». Cuánta razón. Gades era cultura auténtica, puro esfuerzo, sudor. Pudo ser boxeador, ciclista, torero, hasta que descubrió que tenía unas mariposas locas, llenas de razón, en los pies. cesar.casal@lavoz.es