SI VIVIESE Plutarco, el gran maestro de las biografías comparadas, habría reparado en la enorme similitud que se aprecia entre las trayectorias de Rodríguez Zapatero y Pérez Touriño. Y, viendo la carambola que llevó al primero a la Moncloa, quizá hubiese vaticinado la entrada de don Emilio en el pazo de Monte Pío. Al igual que su jefe de filas, Pérez Touriño es un hombre que respira tranquilidad por todos los poros, y al que nada ni nadie parece exasperarle. Su discurso es profesoral y farragoso, más propio para tomar apuntes que para encandilar y animar a sus fieles. Su modelo de oposición se parece mucho más a la resignada paciencia de quien espera su turno en la pescadería, exhibiendo un numerito en la mano, que al discurso aguerrido del que, a base de denuncias y propuestas alternativas, pretende desalojar de Raxoi a los inquilinos de siempre. Y por eso cabe pensar que, si sólo dependiese de sí mismo, el ahora candidato tendría muy lejos y muy difícil la presidencia de la Xunta. Pero ya se sabe -porque lo dijo Maquiavelo- que el éxito político es un cóctel de fortuna y virtud, y que, cuando la fortuna te empuja al poder -o a la dura caída- nadie puede impedir que se cumpla el destino. Zapatero y Touriño son dos vidas paralelas, y, si uno llegó al poder contra todo pronóstico, también debemos prepararnos para que el otro esté destinado por los dioses del Finisterre para desplazar a Fraga de su poltrona. No es un lider nato, pero metió en cintura al mismísimo Paco Vázquez. No tiene un discurso incisivo, pero tiene al PP acorralado en su inmovilismo. No es un candidato ideal, pero está a años luz de sus contrincantes. No arriesga nada en la batalla, pero cosecha triunfo tras triunfo. Y por eso no sería nada extraño que entrase derrotado en la campaña electoral, igual que Zapatero, y saliese convertido en el nuevo presidente de la Xunta. El congreso del PSdeG-PSOE, celebrado el fin de semana, constituye la apoteósis política del hombre que «estaba en el sitio adecuado en el momento preciso». Pero eso convierte en un reto inexorable el «ahora o nunca» que pronunció el propio Touriño. Porque, si la audacia puede soportar muchos fracasos, sin graves consecuencias, la fortuna no tiene más demostración que el triunfo. Los datos dicen que Touriño puede ser el próximo presidente de la Xunta. Pero también dicen que ese desideratum ya estuvo más cerca -después de las elecciones generales- de lo que ahora está. Y por eso le conviene al PSOE medir sus fuerzas y sus palabras. Porque si Touriño fracasa contra un Fraga envejecido y totalmente descontado, no le quedará más camino -¡ahora o nunca!- que el destierro hacia las aulas.