Los protagonistas de la carrera

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

HA EMPEZADO la larga y dura carrera que, en poco más de un año, terminará con la celebración de las séptimas elecciones autonómicas en Galicia. Touriño ha sido el primero en tomar la salida, y lo ha hecho en inmejorables condiciones: parte como cabeza indiscutible de la alternativa al Gobierno conservador, cuenta con el respaldo prácticamente unánime de su partido y cabalga sobre la onda expansiva generada en España por el triunfo socialista el 14-M. Pero si quiere ganar, necesita todavía generar la confianza y el entusiasmo necesarios para promover una movilización masiva del electorado similar al 14-M, y tal cosa no se producirá si el PSdeG no cuenta con la personalidad e iniciativa propias que le permitan formular un proyecto político y programático capaz de transformar las energías y deseos de cambio en una alternativa de gobierno. Si Touriño aspira realmente a presidir la Xunta, ha de demostrar también su capacidad y disposición para defender los intereses generales del país, y debe acreditar que tiene peso político en el PSOE y capacidad de interlocución efectiva con el Gobierno. El candidato socialista ha realizado unos excelentes entrenamientos, pero ha de ser consciente de que la carrera no ha hecho más que empezar. En peor situación se encuentra, desde luego, el candidato del BNG. Al haber perdido la posición hegemónica que desde 1997 ostentaba el Bloque en el campo de la izquierda, Quintana está abocado a protagonizar una difícil campaña electoral, y, consciente del agotamiento del modelo y del final del impulso generado por su partido hace ahora 20 años, a reformular su proyecto político para abordar una situación radicalmente nueva. Un cambio de estas dimensiones no resulta nunca fácil de realizar en una fuerza política. Mucho menos con unas decisivas elecciones en el horizonte. No deben, pues, extrañar las dificultades que la organización nacionalista encuentra en su transición interna. En cambio, sí debe preocupar que, como consecuencia de ese proceso, el discurso político resulte confuso, la estrategia poco definida y los objetivos imprecisos. Anxo Quintana tiene en esta carrera electoral un papel secundario pero muy relevante: evitar que el BNG se desmorone. Y para ello debe ser capaz de movilizar a un importante sector del electorado que sólo se expresa a través del nacionalismo, y cuya abstención no sólo debilitaría al Bloque sino al conjunto de la alternativa progresista. ¿Y Fraga? Porque no tengan ustedes la menor duda de que el actual presidente, completamente alejado de la ponderación política y desafiando las inexorables leyes de la naturaleza, está dispuesto a presentarse de nuevo a la reelección. Aunque la imagen de figura providencial, casi totémica, que acompañó a Fraga en el pasado, se ha desvanecido en gran medida tras su lamentable actuación en la catástrofe del Prestige, aunque su partido no esté pasando el mejor momento, y aunque su edad no le acompañe precisamente en sus aspiraciones, no deja de ser asombrosa su capacidad de recuperación política. En efecto, en poco tiempo, Fraga ha pasado de ser un hombre político amortizado a hacerse imprescindible para Rajoy --debido a la situación interna del PP- y quizá también para Zapatero, en la perspectiva de la reforma constitucional anunciada por el Gobierno; da muestras de una furia reivindicativa sobrevenida -Plan Galicia- y ha recuperado la plena y efectiva interlocución con el Gobierno central. Es evidente que los tres protagonistas de esta carrera tienen posiciones distintas en la parrilla de salida y cuentan con vehículos de diversa fiabilidad y cilindrada. Pero la pericia del conductor tambien cuenta. Una elección equivocada de neumáticos, una curva mal tomada, una entrada inadecuada en boxes... puede anular la ventaja inicial de un aspirante y cambiar el signo de la carrera. Por eso, a ésta, hoy por hoy, hay que considerarla totalmente abierta.