El bombardero de Nagasaki

| PATRICIA GARCÍA LEMA |

OPINIÓN

19 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«VOLAR era su vida y pilotaba todo, desde bombarderos hasta cazas de combate», así recuerda Joseph a su padre, el piloto americano Charles W. Sweeney, que el 9 de agosto de 1945 lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Nagasaki, a finales de la Segunda Guerra Mundial. Sweeney falleció a los 84 años, en el Massachusetts General Hospital de Boston, después de toda una vida de servicio. Tenía tan sólo 25 años cuando participó en la guerra. Sweeney ya había volado tres días antes al lado del famoso Enola Gay , el avión que bombardeó la ciudad de Hiroshima. Desde su aparato, Sweeney se encargó de fotografiar el primer ataque atómico del mundo. El día que tuvo lugar el bombardeo sobre la ciudad de Nagasaki, Sweeney sospechaba que algo podía salir mal. Sus presentimientos se cumplieron en parte porque, a pesar de que era la isla de Tinian el principal objetivo de la misión, una serie de contratiempos obligaron al comandante norteamericano a cambiar el rumbo del avión que pilotaba, un B-29, conocido como Bocks Car, y dirigirse hacia Nagasaki. Así, esta ciudad recibiría la segunda bomba atómica, llamada Fat man (El gordo). Tras lo sucedido en Nagasaki, Charles W. Sweeney alcanzaría, en el 1956, el grado de general de brigada en las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, donde permanecería hasta 1976, año en el que se retiró. Sweeney se confesaba un defensor de los bombardeos y los consideraba necesarios para terminar definitivamente con la guerra. Como dijo el propio piloto: «Espero que mis misiones hayan sido las últimas de su tipo que jamás se realizarán». Sweneey escribiría un libro, El fin de la guerra: relato de un testigo de la última misión atómica de Estados Unidos, como testigo presencial de la brutal represión al pueblo japonés por parte del Ejército norteamericano.