Neruda

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA

09 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRÓXIMO lunes se cumplen cien años del nacimiento de Pablo Neruda, un poeta que, siendo chileno, era realmente amazónico, por el extraordinario caudal y la variedad verdaderamente "selvática" de su obra. Los que tuvimos la fortuna de visitar su casa de Isla Negra, donde yace en una tumba frente al mar, hemos podido percibir una huella más de su humanidad desbordada y de la profundidad de su mirada de titán poético. Incluso el silencio de aquel rincón habla de él, como si Isla Negra ya nunca pudiese liberarse de su ausencia. Se ha dicho que Neruda fue todos los poetas y que, a fuerza de serlo, se convirtió en el poeta de todos. No es fácil encontrar a alguien que no haya vibrado, al menos ocasionalmente, con alguno de sus poemas de amor, de sus Odas elementales o con su hercúleo Canto general . Ni siquiera sus vínculos políticos pudieron ponerle puertas al campo. Sus versos son citados por personas de todo pelaje y condición, no siempre con fidelidad a su espíritu. Pero éste es el precio que pagará a perpetuidad por ser universal, por ser uno de los más grandes del siglo XX, por ser el más plural y diverso, siempre vital, sensual y comprometido. Por ser Neruda.