¿Qué hay detrás del «Tireless»?

La Voz

OPINIÓN

| ANXO GUERREIRO |

09 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL REGRESO a Gibraltar del Tireless , el submarino británico que provocó la alarma y la protesta de los campogibraltareños durante el año que permaneció varado en el Peñón reparando su reactor nuclear averiado, es el último eslabón de una cadena de provocaciones y actos inamistosos hacia España por parte del Reino Unido. Que el Gobierno británico, pese a las durísimas protestas del ejecutivo español y al rechazo generalizado de la opinión pública, mantenga la visita del submarino nuclear a Gibraltar, demuestra fehacientemente que el Reino Unido no está dispuesto a alcanzar con España un acuerdo satisfactorio sobre el futuro del Peñón, y pone de manifiesto que la soberanía compartida sobre Gibraltar, posibilidad tantas veces acariciada por los diferentes gobiernos españoles, no es siquiera considerada por el de Su Majestad; ha dejado de ser una expectativa realista. No faltan voces que afirman que el enfrentamiento actual, impropio de dos países miembros de la UE, tiene su origen en las diferencias que ambos gobiernos mantienen sobre el conflicto iraquí. No creo que éste sea el motivo, salvo como expresión de un desacuerdo más profundo. En efecto, pese a la superación de la guerra fría, en la doctrina imperial vigente cualquier país que tenga petróleo, esté en las proximidades de una ruta oceánica comercial o de un estrecho, es per se estratégico. Desde luego, Gibraltar reúne con creces las dos últimas condiciones. Consideren ustedes, además, que toda la ribera sur del Mediterráneo es un polvorín, y añadan que EE. UU. -y por tanto su principal aliado en Europa- no está dispuesto a que el mismo país -en este caso España- controle las dos orillas del Estrecho, y tendrán casi todas las claves -la economía irregular es otra- que explican el enquistamiento de una situación que está en abierta contradicción con los valores de la Europa del siglo XXI. En todo caso, más allá de la coyuntura actual, lo que demuestra el contencioso gibraltareño es la fragilidad del proyecto europeo, su extrema debilidad. El día que la UE, si es que ese día llega, sea capaz de dotarse de una política exterior y de seguridad común, el problema de Gibraltar dejará de existir. Mientras tanto, mucho me temo que, para vergüenza de Europa, siga existiendo un anacrónico enclave colonial en su territorio, que sólo dificultará la relación entre dos países que se llaman aliados y amigos.