LOS LECTORES asiduos de la revista francesa Le Nouvel Observateur nos hemos llevado una buena satisfacción al saber que su fundador y director, el periodista Jean Daniel, de 84 años, fue galardonado el miércoles con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, justamente por su condición de «eximio representante del mejor periodismo humanista de nuestra época». Ni más ni menos. Porque, en efecto, este periodista-ensayista, que bebió en las fuentes sociales y éticas de Camus y Orwell, fue siempre un agitador de ideas, nunca un adepto ofuscado o fácil de deslumbrar. Siempre ha destacado por su capacidad de análisis, su aportación de ideas y su predisposición favorable al diálogo y al entendimiento. Brillante y comprometido, nunca dejó de ser un intelectual influyente, cuya opinión era (y es) difícil de desdeñar, probablemente porque nace de su independencia, de su curiosidad y de su afán de ser objetivo (que no neutral). Tras cuarenta años al frente de Le Nouvel Observateur , este galardón no hace más que reconocer uno de los mejores y más atinados esfuerzos periodísticos surgidos en Europa. Jean Daniel es un premio para el premio que le han otorgado.