Ataques nacionalistas al euskera

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

MÁS DE un centenar de profesores de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y de Bachillerato, que hasta ahora impartían clases en la Comunidad Autónoma vasca, serán apartados de la docencia por no haber alcanzado el nivel de conocimiento de euskera exigido por el Gobierno nacionalista vasco. El nivel de conocimiento del euskera de estos profesores es, en el peor de los casos, infinitamente mejor que el nulo nivel de euskera que tienen: Emilo Olavaria, portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados; Iñaki Anasagasti, portavoz del PNV en el Senado; Josu Ortuondo, eurodiputado del PNV; Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao; Joseba Azkarraga (EA), consejero de Justicia del Gobierno de la CAV y un larguísimo etcétera que no les voy a enumerar para no aburrirles. Ninguno de los citados tiene ni la menor noción de euskera, no lo habla, no lo estudia y no lo va a hablar en su vida, a tenor de lo dicho por alguno de ellos: «loro viejo no aprende idiomas», ha escrito inefable Anasagasti. El nivel de euskera de esos profesores es infinitamente más alto también que el que emplean a diario el periódico del PNV -íntegramente escrito en español-, el periódico de ETA -escrito en su inmensa mayoría en español- el segundo canal de la televisión controlada por el PNV -íntegramente en español- o el de los diversos canales de radio controlados por el PNV y pagados por todos. Los profesores que el gobierno nacionalista quiere desterrar de la docencia han estudiado euskera durante años, tienen más de cuarenta en su mayoría y se quedan, si no se remedia el atropello, marginados, dolidos y estigmatizados. En los años que llevamos de democracia se han empleado ingentes cantidades de dinero en la enseñanza del vascuence en la Comunidad Autónoma vasca; así, miles de profesores han sido «liberados» de sus tareas docentes para estudiar euskera como alumnos a jornada completa, con resultados que van desde los que han sacado el título que les autoriza a ejercer la docencia en esa lengua hasta los que se han quedado agotados en el camino después de haber invertido centenares de horas y de haberse aplicado con intensidad. Hay profesores que han obtenido el título pero reconocen la dificultad de impartir las clases en euskera después de toda una vida haciéndolo en el español, y que subrayan el rechazo, cuando no las chanzas e ironías, que ven en sus alumnos ante sus esfuerzos por expresarse en una lengua que jamás dominarán como los que tienen el vascuence de lengua materna. Según la asociación de profesores Pío Baroja, en los últimos veinte años han abandonado la Comunidad Autónoma vasca más de diez mil profesores, que han sido expulsados del sistema educativo o se han ido hartos de la presión a la que se les ha sometido para estudiar esta lengua. Hoy es habitual la imagen de decenas de profesores que viajan todos los días desde Vizcaya a la contigua Cantabria para dar clase en esta comunidad. La manera brutal, atropellada, injusta, llena de arbitrariedad, con la que los nacionalistas están aplicando su llamada política lingüística no está creando ningún clima de cariño -indispensable para su progreso- hacia la lengua, está suscitando un ambiente de abierto rechazo en muchos sectores y ha llevado a la conclusión de que saber vascuence es un requisito que facilita encontrar trabajo pero que no es necesario si uno tiene los carnets nacionalistas en regla. En poco tiempo hemos pasado de apoyar la discriminación positiva de esta lengua a esbozar un rictus de rechazo o rabia al ver los atropellos, enchufismos y mangoneos que se hacen en su nombre. No hay peor enemigo para una lengua que el que la emplea como arma arrojadiza, la utiliza como tapadera para llevar a cabo una limpieza ideológica o la somete a escandalosas dobles varas de medir.