HACE BIEN Iñaki Sáez aferrándose a su cargo de seleccionador. La responsabilidad de los resultados tan negativos de la selección española de fútbol en esta Eurocopa no es suya ni de los jugadores. La culpa de todo la tiene el Apóstol Santiago. Ellos hicieron lo que está mandado en pleno Año Santo Compostelano: con devoción y unción vinieron a implorar la bendición del Apóstol, hicieron el ofrecimiento de sus buenos deseos, cumplieron todos los ritos establecidos, incluido el abrazo a la imagen que preside el altar mayor de su iglesia catedral, y escucharon las doctas y animosas palabras de alguno de sus representantes en la tierra, todo ello antes de dirigirse a Portugal para jugar la Eurocopa¿ ¿No es cierto? Luego, habría que decir que ha sido el Apóstol el que no ha cumplido. Ya sé que la argumentación anterior supone llevar las cosas al absurdo, pero es que ciertas teologías que se siguen predicando hoy en día conducen a dicho absurdo. No se pueden mantener por más tiempo cosas que poco o nada tienen que ver con las enseñanzas de Jesús y sí mucho con el folclore de sabor más rancio y con mantener una cierta influencia sobre la sociedad, una cuestión de simple poder. Y también de mentalidad mágica, lo más opuesto a la religión que hay después del fanatismo y el integrismo. Sin miedo a sacar las cosas de quicio, se puede decir que todo este montaje de la Puerta Santa y el Botafumeiro y las colas para abrazar la imagen del Apóstol poco o nada influye en las vidas de nuestros conciudadanos, salvo excepciones que podemos calificar de pura anécdota, y que lo único que contribuye a mejorar es el PIB gallego. Lo mismo habría que decir de los cientos de primeras comuniones que se celebran por estas fechas. En la Iglesia ya no existe el impulso renovador que había hace algunos años, más aun, con frecuencia la autoridad eclesiástica teme haber ido demasiado lejos en ese impulso renovador. Estoy de acuerdo con José María Castillo cuando considera que la cuestión capital para la Iglesia es la que se refiere a la espiritualidad, concretamente a la espiritualidad de seguimiento. Jesús pudo ser un personaje sedentario, instalado siempre en el mismo lugar, donde recibiría a la gente para enseñar su doctrina y hacer sus milagros. Pero no fue así. Jesús fue un desinstalado. No hay seguimiento de Jesús donde no hay movimiento y sí muchas medias tintas.