La estrategia de la obstrucción

| MARÍA ANTONIA IGLESIAS |

OPINIÓN

HA SALVADO más que los muebles, el PP, en las elecciones europeas. Ha salvado su futuro. Así que están que no se lo creen todavía en los cuarteles de Génova, 13. Sobre todo teniendo en cuenta los aciagos pronósticos que sus propios responsables se hacían, «ayudados» por los que en su día hizo el CIS. Unos pronósticos que auguraban una tan alta participación como profunda iba a ser la sima en la que iba a acabar enterrado el PP y el liderazgo de Rajoy. No ha sido así, lo cual es bueno sin duda para el PP, pero también para el equilibrio del sistema democrático, porque de la frustración y el cabreo que hubiera podido provocar una derrota por goleada no se podía esperar nada positivo. Mejor tenerlos contentos y juntos, pensaba yo, que en una crisis interna de impredecibles consecuencias... O no. Porque ahora que lo pienso, lo cierto y verdad es que ya existen funestos precedentes de cómo se las gasta el PP cuando creen que están a punto de tocar el cielo, o sea, el poder con las manos. Y si no que se lo pregunten a Felipe González. Ahora el PP, espoleado por sus inesperados resultados electorales, se ha lanzado en tromba a ejercer la oposición contra el Gobierno socialista de la única manera que sabe hacerlo: practicando la obstrucción pura y dura sin maquillaje, sin argumentación que pudiera legitimarla siquiera para cubrirse las vergüenzas. Una obstrucción que ha alcanzado su máximo nivel de irresponsabilidad con la negativa de Rajoy a apoyar la posición española ante la cumbre de la Unión Europea. Actitud que no tiene precedentes en la historia de la democracia y que le anticipa a Zapatero lo que le espera con este PP, que ni siquiera le ha concedido al Gobierno no ya cien días, sino tan siquiera un mes de gracia. La cosa ha llegado al punto de que los analistas políticos próximos al PP coinciden «espontaneamente» en la conclusión de que los resultados de las elecciones europeas han sido en realidad un voto de castigo para los socialistas que llevan gobernando este país el «desgastante» periodo de treinta días (cosa aparte es que el Gobierno deba ponerse las pilas y achicar agua desde algunos agujeros de barca, pero de eso hablaremos otro día). Así que en lo de Europa, el PP ha optado por exhibir su patriotismo pecho de lata, esgrimiendo la consigna de «o Niza, o nada». Como si las arduas negociaciones europeas fueran una vara de medir ese patriotismo de que, por lo que se ve, la derecha ha adquirido la patente, o la tienen desde que nacieron, por concesión divina. La decisión del Gobierno de paralizar el trasvase del Ebro va a ser recurrida ante el Tribunal Constitucional, los gobiernos autonómicos y los consejeros controlados por el PP harán oposición simultánea con la que ejerce su partido a nivel de Estado; Rajoy y Acebes se rasgan las vestiduras ante el «retroceso democrático acelerado» que han detectado en el país... y en la comisión de investigación del 11-M están dispuestos a ir «a por todas». Que se aten los machos en el Gobierno. que la cosa no ha hecho más que empezar.