AYER DISFRUTÉ de una magnífica comida con mi amigo Ricardo, párroco de Dorrón. Buena mesa y buena conversación con la ría de Pontevedra al fondo hicieron que disfrutara como un niño pequeño el Día de Reyes. En ese horizonte entraba también la planta de celulosa que Ence tiene en Pontevedra. Sin duda, el marco quedaría mucho mejor si esa instalación industrial no estuviese allí, lo mismo que le sucedería a A Coruña sin la Refinería y a Vigo sin la fábrica de coches. Pero nos gusta el papel higiénico y los pañuelos de papel, el aire acondicionado en casa y los coches. Resulta curioso, pero también deseamos tener un puesto de trabajo bien remunerado y protestamos airadamente cuando la deslocalización de nuestras empresas nos cercena la oportunidad de trabajar. Galicia tiene un maravilloso paisaje y una indiscutible gastronomía, por eso el turismo se ha convertido en una de nuestras fuentes principales de ingresos; pero no todos los años son xacobeos, de algo más vamos a tener que vivir y, por lo demás, en algún sitio hay que producir esos bienes básicos que tanto nos gusta consumir. Que soy ecologista, nadie que me conozca lo puede poner en duda. Cuando Paco Vázquez todavía no había experimentado su conversión ecológica a lo San Pablo (él no se cayó del caballo, lo que se cayó fue el vertedero de Bens) y en A Coruña nadie había oído hablar de la recogida selectiva de residuos, ya me dedicaba yo a la noble tarea del reciclado de papel (lo saben bien, entre otros, los feligreses de San Pedro de Mezonzo) y, además, con su venta obteníamos unos ingresos que dedicábamos a una ONG de ayuda al Tercer Mundo. Mis escritos y docencia también reflejan esa preocupación por la Naturaleza desde hace mucho tiempo. Vaya por delante también que ni tengo acciones en Ence ni conozco personalmente a José Luis Méndez. No hay intereses espurios en mis reflexiones. Me molestan mucho, eso sí, las contradicciones tan profundas en las que incurrimos y el que se use la ecología como arma electoral. Que se cierre el proceso productivo de Ence no tiene por qué tener repercusiones medioambientales, pues hay tecnología limpia y lo que debemos demandar es que se use en este proyecto; la industria ya está ahí y las nuevas inversiones pueden hacer que su proceso productivo sea todavía más eficiente en términos ecológicos y, por último, se crean puestos de trabajo y se aumenta el PIB gallego.