La herencia del desembarco

OPINIÓN

VÍ POR TELEVISIÓN, en vivo y en directo, los actos conmemorativos del 60 aniversario del desembarco de Normandía que se celebraron el pasado domingo. Observé las caras de las primeras autoridades del mundo que acudieron a la cita, desde Bush hasta Putin. Y escuché con atención el discurso que pronunció el presidente francés Jacques Chirac, siempre, por cierto, con algo que a mí me parecen excesos de mal actor. No era muy difícil advertir que estábamos ante una gran familia que celebraba uno de sus más brillantes aniversarios. La familia occidental, si se quiere. La familia euronorteamericana. De este modo, como ocurre con frecuencia en las familias, resultaron mucho más elocuentes las cosas que no se dijeron que las hermosas palabras que pronunció el presidente francés, retóricas y vagas. Quizá por eso, mientras lo escuchaba, no pude dejar de preguntarme: ¿Para esto se han reunido? ¿Para formular cuatro declaraciones abstractas sobre la libertad y la democracia? Sin embargo, después del acto mi reflexión sufrió un brusco trasacordo. Nada de lo que había visto tenía sentido si no se pensaba que la diplomacia francesa, la más eficaz del mundo todavía hoy, no podía permanecer inactiva. Dicho de otro modo, lo que había visto tenía que ser algo significativo en el presente y, en este caso, sólo podía ser la escenificación de una aproximación franco-estadounidense. Lo cual sí que cuadraba con las conversaciones Bush-Chirac del día anterior. Porque si algo desean ahora los dos presidentes, y sobre todo el de Francia, es un entendimiento que satisfaga las ambiciones de ambos: la ambición de Bush de verse respaldado en el conflicto iraquí, y la de Chirac de ver recuperada la relevancia de su país, miembro permanente del Consejo de Seguridad, ese órgano que apuntala la última grandeur gala. La pérdida de popularidad de Bush ha aumentado su necesidad de legitimación internacional. Y el presidente francés tiene esta llave, pero también es consciente de lo que representa: su último cartucho. Por ello la diplomacia francesa está administrándolo tan bien, con exigencias y con concesiones. Con acuerdos en la ONU. Es la herencia del desembarco.