El Plan Galicia existe

OPINIÓN

ES POSIBLE que el Plan Galicia tenga algunos contornos difusos y que en su composición haya partes todavía nebulosas, pero que no se equivoque nadie: ya representa una esperanza concreta, específica y de obligado cumplimiento en la mente de los gallegos. Una esperanza que se sustenta en un compromiso político -un compromiso de Estado- adquirido en su día por quien podía y debía asumirlo. Por eso las recientes declaraciones de la ministra de Fomento, Margarita Álvarez, diciendo que no le importaba que la mirasen con lupa, pero que no podía asumir las promesas de Álvarez Cascos, sembraron la incertidumbre. ¿De qué promesas estaba hablando? El Plan Galicia, por más imprecisiones que contenga, no es una promesa que se le escapó a Álvarez Cascos en un momento de euforia tras una jornada de caza. Lo saben bien todos los gallegos. Por ello ha sido tan oportuna la visita a Galicia de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, para dejar claro que «el Gobierno va a cumplir el Plan Galicia y lo va a dotar de contenidos más concretos, fijando plazos y cuantías». Lo cual quiere decir, entre otras cosas, que «Galicia tendrá AVE». Pérez Touriño, que conoce bien a sus paisanos, sabía que no se podía ceder en este compromiso, y así tuvo la honradez política de reconocerlo y defenderlo con energía en días pasados. El Ejecutivo gallego tampoco ha dejado de mostrarse exigente, convencido de la necesidad de cumplir «sin titubeos» estos proyectos (actitud en la que coincide con el BNG). El Plan Galicia existe porque es ya una realidad en el subconsciente colectivo, y existiría aunque tuviese una formulación todavía menos concreta. Satisface también una deuda histórica en la medida en que es un instrumento de equiparación en infraestructuras y comunicaciones, y contribuye a la vertebración general del Estado. No entenderlo así sería un craso error. Y sumaría una frustración imperdonable a una comunidad que, como escribió Claudio Sánchez Albornoz, ya lleva veinte mil años a la defensiva. Revise los papeles, señora ministra de Fomento, y no nos desaliente ni nos confunda. Porque lo que tiene que ser tiene que ser. Es lo suyo.