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Nuevo ciclo

OPINIÓN

LA ALTERNANCIA constituye una de las esencias del sistema democrático. Mediante el ejercicio del voto, una sociedad puede cambiar el ciclo de la administración del poder institucional. Luego hay gestos, decisiones y maneras de hacer, que indican la presencia de otro ciclo político. Cada ciclo tiene errores y aciertos, pero es evidente que se agotan y requieren recambios para que la sociedad perciba la excelencia del propio sistema. La puesta en escena de una ley integral contra la violencia doméstica es cumplir la palabra dada a la sociedad y disponer de instrumentos multidisciplinares para atajar la lacra social de la violencia en el seno de la familia. No podíamos seguir con lo que había. Ni funcionaba, ni satisfacía, ni garantizaba los derechos de las víctimas, por cierto, en un país muy concienciado sobre los derechos de las víctimas del terrorismo etarra, pero que en las encuestas sociológicas no muestra el mismo estado de ánimo, espontáneo, frente a esas repugnantes noticias de asesinatos de mujeres, en la línea del clásico «la maté porque era mía». El terror que se vive en determinados hogares puede que a partir de ahora tenga la respuesta del sistema democrático que debe garantizar los derechos fundamentales de las personas. Pero, no nos engañemos. Estamos ante un problema de profundas raíces culturales, que a poco que hagamos memoria, descubrimos en el sistema educativo, en la costumbre, en la organización histórica de nuestra sociedad. No quedan lejos los recuerdos del hogar con rebenque, que el cabeza de familia ponía a funcionar como signo inequívoco de autoridad, que la Santa Madre Iglesia llegó a señalar como procedente de Dios. Los hijos de padres violentos, fuera cual fuera su condición social o la profesión (médicos, jueces, abogados, maestros, profesores), estaban y están impregnados culturalmente por la metodología de imponer criterio y orden doméstico, en la intimidad, basándose en palos, amenazas y fuerza bruta. No me vale que alguien trate de quitarse la responsabilidad afirmando que en el resto de Europa también tienen este problema. Es una vergüenza para la civilización y las instituciones del sistema democrático. Cuanto antes lo cambiemos, antes podremos erradicar la enfermedad. Prevenir es educar de otra manera, pero evitando que los agresores ocupen los puestos claves del nuevo operativo.