05 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.
LOS PADRES adoramos a los hijos, claro. Muchas veces son nuestros ídolos más a mano, de andar por casa. Pero el mejor amor de padre y madre es el que sabe dar un paso hacia atrás. La mayor generosidad de unos padres es distanciarse lo suficiente de un hijo, aunque duela, para dejarlo crecer y crecer. Una excesiva sombra sienta fatal. Es la mejor manera de cortar su crecimiento. Estar próximos a los hijos no tiene nada que ver con asfixiarlos, con convertirlos en marionetas de nuestros hilos. Un hijo que depende tanto está indefenso para el mañana, solo, solísimo. Una montaña de amor puede convertirse en un alud.