Una revolución energética

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

DESPUÉS del Día Mundial sin Tabaco, nos llega hoy el Día Mundial del Medio Ambiente, decretado por la ONU bajo el expresivo lema ¡Se buscan! Mares y océanos. ¿Vivos o muertos? Con tanto día de algo los ciudadanos hemos perdido sensibilidad para los temas importantes como éste del medio ambiente, de cuyo deterioro encontramos pruebas a cada paso: cursos de agua contaminados, bosques enfermos, lluvias torrenciales, sequías pavorosas. El 70% de la superficie del planeta está cubierta de agua y de ella el 60% son océanos de más de 1.500 metros de profundidad, en donde se encuentra el 90% de la biomasa del planeta. Según datos del programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el 80% de la contaminación de mares y océanos se origina en actividades realizadas en tierra. Cada año, 21 millones de barriles de petróleo llegan a los océanos desde tierra y en el último decenio se derramaron accidentalmente en el mar un promedio de 600.000 barriles de petróleo al año, equivalentes a 12 veces el desastre del Prestige . El 40% de la población vive a menos de 60 kilómetros de la costa y tres de cada cuatro megaciudades están construidas junto al mar. Reciclar, depurar, consumir menos energía fósil -carbón, petróleo y gas-, encontrar una energía no contaminante como la de fusión, aumentar las fuentes de energías limpias es la receta para no seguir destruyendo el planeta, cuyo cambio climático ya ha empezado. La causa de esta destrucción está en los gases de efecto invernadero que producimos. Un informe del Consejo Europeo de Energías Renovables (CEER) dice que en el 2040 la mitad de la energía global podría proceder de fuentes renovables si se adoptan políticas avanzadas, inteligentes y solventes. Este tipo de energías puede garantizar el suministro mundial en las próximas décadas si se combina con la mejora de la eficiencia energética. El CEER añade que la principal contribución de las energías renovables será la producida en el mar, que supondrá el 21% del total, pero antes habrá que aplicar Kioto, dejar de subvencionar la energía convencional y concienciar al ciudadano para que no despilfarre. Si reduce un grado la temperatura de su casa ahorrará un 7% en la factura de la calefacción y si cuando apaga el televisor no lo deja en descanso reducirá el consumo anual de energía eléctrica un 45%. ¿Es tan difícil?