¡Y aun dicen que el pescado es caro!

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

SE LAMENTABA Sorolla al poner título a la pintura de un doloroso naufragio. Distraídos con las malas mañas del tripartito catalán, el ninguneo socialista del Plan Galicia, o las improvisadas «soluciones habitacionales» de tal ministra de cuota, a veces olvidamos lo más importante: el drama de la vida. Escondido tras un aparente apacible discurrir, surge inopinado, salvaje, cruel, el drama de la ferocidad cotidiana. Para un profano que siente la fascinación del mar y sus cosas, el naufragio del O Bahía es incomprensible. Ni siquiera el recurso literario a la mítica Costa da Morte permite explicar esta desgracia. ¿Cómo es posible que a la vista de la costa, con una mar no especialmente mala, con una tripulación experimentada procedente de lugares de acreditada tradición marinera, pueda hundirse un barco nuevo? Los expertos investigarán qué ha pasado la trágica tarde del miércoles: ¿insuficiente eslora de la nave?, ¿distracción, acaso, del pilotaje?, ¿rotura del casco?, ¿avería del motor combinada con un golpe de mar?, ¿sabotaje?, ¿falta de equipos de protección? Esta desgracia aún choca más en estos tiempos en que aumenta la preocupación por la seguridad laboral y se arbitran nuevas medidas para la prevención de riesgos, aunque se piensa que el esfuerzo por la obra bien hecha, el entrenarse en el saber hacer, es la mejor defensa contra el siniestro, la lesión o la muerte. Parece que habrá que añadir diez personas más al salvaje tributo que se cobra el mar. Diez vidas truncadas y diez familias que no podrán olvidar esta fecha fatídica. Aunque sea más terrible que el caso Prestige , quizás ahora no se grite ¡nunca máis! Luego, tristemente, su recuerdo se perderá en la sima de las estadísticas. Pero en homenaje a estas víctimas y a todas, nunca debemos olvidar la fragilidad humana, ni el sufrimiento, el sacrificio y el dolor que se esconden, ya digo, en los bienes que producimos o compramos, en el trabajo que permite la vida.