MEDEN hizo un buen trabajo. Quiso aproximarse a la verdad. Se arriesgó a ser maldito y lo consiguió. Pero, intentó contarnos cómo ven las partes el núcleo del conflicto vasco. No es fácil, mediante personajes, paisajes y mensajes, mostrar un conflicto viejo, poliédrico, entre vascos, entre vascos y españoles, con una profunda discrepancia cultural. Yo colaboré con Meden. Dije lo que quise, y se puede leer en el libro que acompaña al documental realizado con vocación de equidistancia y al servicio del diálogo, en un momento de ruptura total. Falta gente que no quiso estar en la película. Pero hay muchas personas que hablan de sus vivencias y dan su opinión sobre un conflicto de conflictos. Tengo la experiencia de haber visto la película lejos del País Vasco, entre personas ajenas al País Vasco, y les aseguro que provoca el debate, la curiosidad por saber razones que allí son obvias y que fuera de las fronteras de Euskadi resultan incomprensibles. Y por encima de todo, la violencia que todo lo contamina, que los protagonistas de las escenas parecen rechazar y lamentar, que constituye la raíz de la frustración en una sociedad avanzada, donde la autonomía es capaz de desarrollar una envidiable calidad de vida pero que no es suficiente para aplacar la tentación de eliminar al disidente con los derechos históricos de Euskal Herría. Esta película será un documento que con el paso del tiempo se convertirá en una obra de obligada consulta para quienes quieran investigar la historia de un país, una sociedad, un mito, una tragedia, un fracaso, una vergüenza. Hay frases lapidarias: «El Euskera es mi patria», «Los vascos son los últimos indígenas de Europa»... Todos parecen buscar, desesperadamente, la solución, y sin embargo, cada vez son más evidentes las diferencias. Les recomiendo que vean la película varias veces, en casa, tranquilamente, y lean el libro, para completar la información, para entender el léxico y descubrir que, hasta el concepto de diálogo, es diferente para cada una de las partes. Quizá, aún rechazándolos, entendamos los motivos que llevan a muchos jóvenes vascos a ser terroristas, a convertirse en asesinos por una causa incompatible con la realidad del tiempo en que vivimos. Creo que Meden actuó de buena fe, no sólo como cineasta, sino también como ciudadano comprometido con la consolidación de los derechos fundamentales.