13-J: «¿Esta xa a vimos?»

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

EL CHISTE es conocido: dos amigos entran en un cine y se acomodan; después se apagan las luces de la sala y de pronto, ¡gggrrrr!, aparece en pantalla el león de la Metro Goldwyn Mayer, lo que hace exclamar a uno de ellos: «Vámonos, Manolo, que esta xa a vimos». Como es sabido, el chiste acaba ahí, pero cabe suponer que los amigos, convencidos de haber visto la película, se levantan y se van. Algo similar podría acontecer en los comicios europeos si los dos grandes partidos contendientes se empeñasen finalmente en convertirlos en una segunda vuelta de las elecciones generales: que los ciudadanos nos levantemos y, en vez de acudir a las urnas, nos marchemos de paseo. Pues si es difícil ir a votar cuando el objeto de la elección no se conoce, lo es más cuando, aparentemente al menos, tal objeto coincide con el de una consulta celebrada previamente. Más sentido tendría, por eso, que, haciendo honor a su publicidad electoral, el PSOE y el PP, trataran de explicarnos el sentido de sus lemas de campaña. El del PSOE no tiene desperdicio. Su «Volvemos a Europa» persigue fijar la posición de la nueva mayoría socialista y denunciar, al mismo tiempo, la que se atribuye a la precedente mayoría popular. Pues sólo es posible volver a un lugar cuando se ha abandonado previamente. ¿Por qué afirma el PSOE que nos fuimos de Europa con Aznar?: ¿Porque se negó a firmar la Constitución europea en unas condiciones que los propios socialistas consideraban en su día inaceptables? ¿Porque puso las exigencias españolas sobre el reparto de poder en el seno de la Unión más o menos donde ahora ha vuelto a situarlas Zapatero? El lema del PP, «Contigo, fuertes en Europa», esconde también, como el del PSOE, una intención subliminal: la de contraponer la autoatribuida fortaleza popular en la defensa de las posiciones españolas con la supuesta debilidad que se imputa en esa esfera a Zapatero. Pero también aquí las preguntas surgen de inmediato: ¿siguen creyendo en el PP que la mejor manera de defender nuestros intereses es enfrentarse a cara de perro con alemanes y franceses? ¿O que nuestro aliado europeo preferente debe seguir siendo Berlusconi? ¿Qué habría que hacer para cerrar la brecha entre europeos que Aznar contribuyó a abrir? Son preguntas todas que muchos nos hacemos y que no estaría de más alguien se molestase en contestar. Porque si es difícil conseguir que en los 15 días de campaña aumente el interés de los electores por los asuntos europeos, parece muy fácil, sin embargo, que ese desinterés inicial acabe transformándose en lejanía radical hacia unos comicios en los que los principales candidatos, como el león de la Metro, se limitan a rugir.