UN AMIGO me ha echado en cara haber utilizado la palabra truncado para referirme al futuro de Fernando Buesa, desde el día en que ETA le puso una bomba al paso. Sin duda quise decir asesinato con premeditación y cobardía, que interrumpió la carrera política del secretario general de los socialistas alaveses. Buesa era un abogado brillante, que comenzó su militancia en la democracia cristiana organizada por el obispado de su Vitoria, y que fracasó en las primeras elecciones de la democracia, a pesar de llevar un apellido con calles dedicadas a sus antepasados. Le costó trabajo ser aceptado por los socialistas, que aún no habían digerido el marxismo, y que no le perdonaban su catolicismo. Hizo el recorrido desde el ayuntamiento, las Juntas Generales y el Parlamento Vasco, para convertirse, gracias a su frialdad analítica, en estratega electoral, en posibilista para colaborar con el PNV cuando se fracturó por causa de Garaicoechea, y hubo que hacer de Ardanza un lendakari, primero con mando a distancia desde el despacho de Arzalluz, después, gracias al pacto de Ajuria Enea, líder frente al nacionalismo rupturista tolerante con la violencia. Fue diputado general de Álava, en un Gobierno PSOE-PNV que comportó un acuerdo para el control de todas las instituciones públicas del país vasco. Compartimos afición por los deportes. Era del Barça y habitual del baloncesto, donde tuvo mucho que ver en el proyecto que ha hecho del Tau uno de los mejores equipos de Europa. Por eso, cuando lo asesinaron, la directiva del Tau, pidió y logró por unanimidad, que le pusieran al pabellón de baloncesto de Vitoria, el nombre de Buesa Arena. Tras su paso por la vicepresidencia del Gobierno vasco, donde era responsable de Educación y cometió el error de facilitar el paso de las ikastolas a la red de las escuelas públicas, se convirtió en el azote del nacionalismo radical desde la tribuna del Parlamento. Cuando lo asesinan, dejan al socialismo vasco sin el hombre con capacidad para liderarlo en el comienzo del tercer milenio. Era hombre de palabra, honrado, austero, constructor de acuerdos, educado, trabajador, concienzudo, patricio alavés, estudioso, capaz de nadar entre guerristas y felipistas. Tengo razones para decir que su asesinato no fue por casualidad¿