... Y no ha pasado nada

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

YA NO QUEDAN españoles en Irak. Ni siquiera los espías, según se encargó de «vender» el ministro de Defensa. Se nos había anunciado que tal acontecimiento se produciría el 27 de mayo, y este cronista entendió que, como al día siguiente comienza la campaña de las elecciones europeas, la foto de la llegada de los soldados iba a acompañar a la imagen de la pegada de carteles. Todo se adelantó 48 horas y la intención electoral parece menos descarada. Pero no cambia el diagnóstico. Borrell acaba de decir que la guerra de Iraq será un argumento de los mítines. La vuelta de las tropas es la primera baza. Sería cicatero, sin embargo, dejar reducido todo a una estrategia electoral. Como ha repetido varias veces el propio presidente, estamos ante una de las dos decisiones más importantes de su mandato. ¿Dos, dice usted? Déjenlo en una. La otra (el aumento de las becas), aunque sea indicativa de las prioridades socialistas, es una política de talonario que sólo necesita dinero. Por tanto, el trofeo de las tropas en casa después de casi año y medio es, a distancia, lo mejor que hizo Zapatero. Y lo más valiente. Ahora todo parece muy fácil; pero, ¿recordáis cuándo decíamos que ZP no tendría bemoles para hacerlo? ¿Recordáis cuántas veces se invocó la caricatura del «OTAN, de entrada no»? Y, sin embargo, Zapatero lo hizo y no se han movido las estructuras de la nación, ni Estados Unidos ha boicoteado nuestra economía. Bush se habrá irritado, pero el gobierno español ha dado una chauvinista lección de independencia. Y no está claro que estemos ante ese error casi apocalíptico que Aznar nos anunciaba. Ante lo que estamos, de momento, es ante un éxito político personal de Zapatero. Hoy no sólo es el líder del Partido Socialista, sino el líder moral de los millones de españoles contrarios a la guerra. Es referencia de los movimientos pacifistas del mundo. Ha ganado el respeto de la izquierda europea. Y ha construido sobre el repliegue una notable parte de su autoridad. Por esas razones, el PP debe seguir mostrando, por lo menos, la inteligencia de dejar de hacer oposición con este argumento. Que dejen esa tarea para José María Aznar y sus conversaciones con Bush. Si se ha cometido un error, el tiempo lo dirá. Ahora no es políticamente correcto insistir en eso. Sería como criticar a un gobierno cuando baja los impuestos o rebaja las hipotecas. Bono queda libre para hacer frases de resonancia poético-castrense, que nadie le replicará. Esa es la última victoria de Zapatero. Los soldados en casa lo hacen dueño del escenario. Temporalmente, claro. Cuando más lo esté disfrutando, cualquier ministro novato e incontinente destrozará con sus palabras tan idílica situación.