DE SOL A SOL | O |
24 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.EL SENTIMIENTO de inseguridad crece. Los gastos en seguridad se incrementan. A pesar de todo, el sentimiento de inseguridad sigue aumentando entre nosotros, y se hace obligado invertir más en seguridad. Es la pescadilla (alguien dijo «pesadilla») que se muerde la cola. Algo que crece en progresión geométrica y cuyo límite nadie conoce. Pensaba en esto mientras observaba la boda real el pasado sábado. Un despliegue policial impresionante, con tiradores de elite en los tejados y aviones AWACS controlando el espacio aéreo. Los propios asistentes a la boda debían superar control tras control para acceder a los lugares previstos. Recordé entonces una conversación inolvidable con Gonzalo Torrente Ballester en 1982 (la publicó Ed. Sept). El escritor ferrolano me contó los momentos previos a la proclamación de la II República, cuando eran habituales las algaradas y los gritos de «¡Abajo la monarquía!», y me dijo que se conmovió un día al ver llegar al rey Alfonso XIII al Teatro Alcázar de Madrid seguido sólo por un policía. ¿Es algo imaginable hoy? No, no lo es. La seguridad es ya una obsesión justificada por la realidad, y lo preferente (y lo que medirá el acierto político) es desactivar el riesgo y acabar con la pesadilla.