ACABA de abrir el Gobierno la caja de pandora de la privatización de Televisión Española. Con habilidad dialéctica el Secretrario de Estado de Economía plantea la siguiente disyuntiva: ¿Recaudamos los impuestos para luchar más eficazmente contra el maltrato doméstico o para financiar programas en la televisión pública que en las privadas no tiene que financiar el contribuyente? ¿Aumentamos las becas universitarias o financiamos programas, etcétera...? Los sindicatos de TVE, con una fuerte presencia como mandan los cánones sindicales, que se implantan en las empresas públicas mientras tienen la fuerza de una gaseosa en las privadas salvo que estén en crisis, ya amenazan la yugular de Zapatero y señalan al «comité de expertos» que tienen nueve meses por delante para elaborar el modelo de televisión pública en España. Pero a riesgo de ser linchado en la plaza pública, me pregunto: ¿Cuál es el modelo que tienen los sindicatos de televisión pública: el de plantillas insostenibles a costa de los presupuestos del Estado, pongo por caso? (y, ojo, que podemos hacernos preguntas más hirientes aún). Ahora que se van a revisar todas las cuentas del Estado, y que ya sabemos que algunos presupuestos de este año e incluso del próximo están comprometidos por el anterior gobierno (pongamos que escribo de las Infraestructuras de Álvarez Cascos), ¿quién le pone el «cascabel al gato» y hace públicos los presupuestos de Televisión Española, desde plantillas hasta contratos con productoras, y analizamos cuál es el riesgo de la privatización de uno de los dos canales, como por cierto hace muchos años se hizo en Francia? Desconozco si el encargo hecho al comité de expertos se limita a acordar un modelo de televisión pública neutral, al margen por tanto de los vaivenes políticos, o pasa también por el análisis de todo cuanto rodea al actual modelo, que se vería puesto en riesgo (¿) con la privatización. Otro asunto es -hablando de modelos- la forma de privatizar uno de los dos canales de Televisión Española que garantice también la neutralidad en la decisión. Porque de privatizaciones y grupos mediáticos hechos a la medida del poder político tenemos un armario lleno, en el que los medios de comunicación y sus muñidores, por poner un ejemplo, no salen demasiado bien parados.