CON LA LLEGADA del buen tiempo los visitantes a nuestra comunidad autónoma se multiplican. Turistas atraídos por la oferta cultural, paisajística y gastronómica del Camino de Santiago viajan a lo largo de cientos de kilómetros para culminar su peregrinación en el Campo de la Estrella , donde la tradición señala que están depositados los restos del Apóstol. Sin embargo, cabe preguntarse si lo que ofrecemos a bombo y platillo con la campaña de promoción del Xacobeo se corresponde con la realidad. Cierto es que se ha mejorado mucho en los últimos años, pero es tanto lo que queda por hacer que en ocasiones uno no puede evitar que se le salgan los colores, sobre todo en lo que se refiere a la relación entre la calidad del servicio y el precio de la restauración. Como nuestros productos son tan buenos y requieren tan poca elaboración para ser degustados, cualquier emprendedor se siente capacitado para abrir un restaurante caro. Sin embargo, no basta con un local y una buena materia prima para ofrecer un servicio de calidad. La mayoría de los camareros no tienen una formación específica, porque todavía se considera que «para servir mesas vale cualquiera». Se confunde el trato «familiar» con la falta de modales y el afán de lucro es tan elevado que se cubren las mesas con manteles de papel y se utilizan vajillas de tan mala calidad que han perdido hasta el color. Pero, sin duda, lo peor de todo son los aseos. En muchos locales no se han renovado los servicios sanitarios desde hace décadas, la ventilación es deficiente o nula, la higiene pésima o inexistente y las toallitas de papel y el jabón brillan por su ausencia. Una se pregunta si alguna vez habrá pasado por allí un inspector de Sanidad. Sorprende que la Xunta invierta una fortuna en promoción y después no controle el servicio que se está ofreciendo, ya que un cliente insatisfecho no sólo no vuelve sino que disuade a los demás. No basta con lavar la fachada, para ofrecer calidad, también hay que mantener limpio lo que está detrás.