El gran pueblo americano

OPINIÓN

LOS GURÚS del pensamiento correcto han establecido el dogma de que los Estados Unidos de América son un gran país. La admiración bobalicona por nuestros hermanos del otro lado del Atlántico forma parte de la mentalidad yupie que se extendió por todo el mundo, y que, además de obligarnos a minusvalorar todo lo que somos y tenemos, y a dar por sentado que las medallas de oro no están en juego, nos obliga a hacer un estúpido ejercicio de reparación cada vez que la cruda verdad queda al descubierto. Vietnam fue una sangrienta locura militar en favor de un régimen corrupto, pero América es un gran país. Pinochet y Videla fueron dos terroristas sanguinarios, con gorra de plato, apoyados por la Casa Blanca, pero la democracia americana es ejemplar. La política bananera en Centroamérica causó cientos de miles de muertos y largas décadas de dictadura, pero la tecnología americana es puntera en el mundo. El racismo, el macartismo, las mafias de Chicago y la miseria de Harlem están en América, pero eso no representa al pueblo americano. Y así hasta el infinito. Por eso fueron muchos los que se asomaron a esta tercera guerra mundial que estamos viviendo, difusa y no declarada, con los mismos eufemismos: meten sus bases en Afganistán y entregan al miserable país a los señores de la guerra, pero no son comparables con los talibán. Ametrallan a quinientos presos que se amotinan en el patio de la cárcel pidiendo pan y dignidad, pero lo hacen por culpa de Bin Laden. Bombardean una boda en Kabul y matan a cien civiles, pero todo se reduce a un efecto colateral. Montan el centro de secuestro y tortura de Guantánamo, pero ningún país civilizado protesta ante el hermano aventajado. Arrasan Irak y lo sumen en el caos, pero lo hacen para ordenar el mundo. Son los primos de Zumosol de Sharon, y apoyan todas sus travesuras, pero son los únicos que pueden dar eficacia a la hoja de ruta . No firman ningún protocolo que vaya hacia la democratización de la política internacional, o que trate de controlar el despilfarro insostenible de la energía y las materias primas, pero son muy competitivos. Así se explica que, cuando son sorprendidos torturando a los iraquíes con las mejores ténicas nazis, todavía hay quien piensa que se trata de una lamentable error que no define al pueblo americano. Pero lo cierto es que por donde pasan no queda piedra sobre piedra ni valor sobre valor, y que su acción liberadora se sigue por el rastro de dictadores que deja detrás. Actúan como una plaga, pero se quieren hacer simpáticos a base de una ingenuidad y un patriotismo que ya toca los cataplines. Aunque no seré yo quien niegue -¡líbreme Dios!- que son un gran pueblo.