El reposo de los guerreros

RAMÓN CHAO

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

06 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«LA JUSTICIA militar es a la justicia lo que la música militar es a la música», dictaminó a principios de siglo el presidente francés Georges Clémenceau. A ver quién juzga a los torturadores norteamericanos de Irak y Afganistán, que si lo hacen sus compañeros de armas vamos aviados. Los verdugos no tendrían más que invocar al general Schmitt Patton, quien a su modo se distinguió durante la Segunda Guerra Mundial entre otras cosas con lindeces tan rotundas como: «Si un soldado no folla, no puede combatir». Los archivos de esa guerra que recogen semejante burrada no aclaran lo que pensaba el pundonoroso (así llamaba Juan Carlos Onetti a los milicos) de las violaciones de sus tropas a jóvenes francesas y alemanas, a veces delante de familiares. Tal vez la victoria sobre Japón justifique, por el elevado número de violaciones que la precedieron, la eficacia de la receta de Patton, apoyada por bombas atómicas. Según Yuri Tanaka, autor de una gran encuesta, durante diez días, entre el 30 de agosto y el 1 de setiembre de 1945, se dieron más de 1.300 casos de violaciones de mujeres japonesas de todas las edades sólo en la prefectura de Kanagawa. «Si extrapolamos esta cifra a todo Japón -y consideramos que muchas violaciones no se denuncian-, resulta evidente que la amplitud de las violaciones cometidas por las fuerzas norteamericanas fue muy importante». Otros estudios se han hecho sobre el tema de las violaciones, aunque no tantos como sobre Hiroshima. En su informe titulado Embracing Defeat: Japan in the Wake of World War II, el norteamericano John Dower estima que el número de violaciones en Japón se eleva «a unos cuarenta casos diarios», y eso que «los japoneses habían montado una red llamada Recreation and Amusement Association destinado a la expansión y regocijo de las tropas de ocupación». Se supone que tras el cierre del servicio se dieron «más de 330 agresiones diarias, un aumento que confirma la propaganda de guerra de los japoneses que describían a los yanquis como personajes demoníacos (...) provistos de órganos sexuales desmesurados que podían herir a las pequeñas japonesas». Hubo después violaciones de mujeres coreanas y vietnamitas. Dispongo de información, mas carezco de espacio. Un salto y ahora en Croacia. El 16 de enero de 2000, el New York Times contaba que al sargento Ronghi se le acusó de haber agredido sexualmente y matado a una albanesa de once años llamada Mertia Shabiu. Según un testigo, el sargento había explicado a ciertos soldados que «había tenido que matar a la niña para poder acusar a los serbios». El macho, de 35 años y divorciado, era jefe de escuadrón. La justicia militar ocultó su caso en un montón de denuncias contra la unidad del sargento Ronghi, y como la música militar, no tuvo ninguna repercusión. Quiero continuar con una nueva faceta de los desórdenes sexuales de las tropas anglosajonas en Irak (¡qué bueno que España haya salido¡). Ahora, puesto que hay mujeres en sus propios rangos, la violencia se vuelve contra ellas. Un reportaje citado por S. Brownmiller indica que «al menos dos docenas (sic) de mujeres del ejército de tierra fueron violadas o agredidas sexualmente por los propios norteamericanos, y no por el enemigo, durante la guerra del Golfo. Dos soldadas declararon haber sido violadas por sus superiores jerárquicos. Otra víctima explica que un sargento echó mano a sus partes genitales y se la llevó a un rincón del desierto amenazándola con un cuchillo. Una reservista de 29 años denunció a la comisión senatorial que su sargento la sodomizó en un búnker cerca de la frontera iraní. «Estaba orgullosa de servir a mi país -declaró-, mas no de servir de esclava sexual de alguien que tenía un problema de poder». De modo que japonesas, coreanas, croatas o americanas: lo de ahora viene de lejos; es una contante en el desarrollo del expansionismo imperial.