CUANDO Manolo Kant remató su Crítica de la Razón Pura y su Crítica de la Razón Práctica estaba fatigado y ya sin ganas de meterle mano a la Razón Elástica, a la Razón Plástica y a la Razón Nifunifá. Y se nos murió sin dejarnos su oportuna Crítica y así nos hizo un flaco favor a todas las orejas y neuronas que dependemos de las lenguas predicadoras, las lenguas políticas y otras lenguas sin cancelas y campeonas olímpicas del salto mental, que no es tan vistoso como el triple mortal, pero suele ser de mejor provecho y menor riesgo. Manolo Kant también se entretuvo con el rollo de los juicios analíticos y sintéticos, juicios a priori y a posteriori, y no le quedó tiempo para tratar de los principales juicios sintéticos a posteriori, que son los juicios de poliuretano y a posteriori de tomar posesión. Ahí es donde la Lógica se esponja a esgalla y hasta diríamos que se pasa en lo que esperaba conseguir. A la nueva secretaria de Estado de Inmigración el periódico le atribuye -yo casi estoy por decir que le imputa- la jacarandosa declaración que paso a repetir, pero no a reproducir porque mi función reproductora me la reservo para tareas más placenteras y de mayor enjundia. Dijo ella o dicen que dijo ella: «Vincular un tipo de terrorismo a una Religión me parece una barbaridad, y desde luego hay que romper con eso. En el atentado del 11-M murieron personas de todas las culturas y de todas las religiones». El 11-M ha sido un desastre de fanáticos de una determinada manera de ver su religión. Negarlo es una memez perversa; extrapolarlo a una xenreira indiscriminada a todos los miembros de esa religión es todavía más memo y más perverso; no tomar nota de que al cántaro le gusta repetir el viaje a la fuente es el colmo del cantamañanismo. Y, visto lo visto, pasamos a lo que hay que ver. Si a esa secretaria de Estado le funcionan -¡es un decir!- las neuronas de tal manera que concluye que entre religión y terrorismo no hay vínculo porque las bombas terroristas explotan y matan sin distinguir credos y culturas, la única respuesta lógica que se me ocurre es que salgamos a la calle sin credo ni cultura, que los dejemos en casa y producirle a la bomba tal desconcierto y carencia de objetivos que no se atreva a explotar. Y, si el terrorista le pide cuentas de su pasividad, que la bomba le explique que no explotó porque no encontró o no tenía claro con quién vincularse. Y si el terrorista le replica que el vínculo era él con su paranoia teológica, mística o lo que carajo sea, la bomba le dará bibliografía, lo reenviará a la Lógica de la secretaria de Estado y sus juicios sintéticos de poliuretano a posteriori de la toma de posesión para que el túzaro sepa de qué va el hilo lógico. Y si el muy túzaro tiene pesquis para pillar el intríngulis, se verá en pelota picada, sin base ni móvil para su demencia y se dedicará a preparar el temario para oposiciones a secretario de Estado de Lógica Fastuosa. Nota.- Si la memez que comento fuese de, por ejemplo, Esperanza Aguirre, teníamos cachondeo para tres meses.