Zapatero y Bush, ¿quién llamó a quién?

| ARANTZA ARÓSTEGUI |

OPINIÓN

LAS REDACCIONES de los periódicos las pueblan dos tipos de personajes: los periodistas que hacen calle, y que aparecen por la redacción para escribir sus textos, y los periodistas de mesa, encadenados al ordenador. Se tiende a considerar a los primeros como los genuinos profesionales porque se baten el cobre en la calle, donde olfatean y rastrean las noticias. Sin embargo, no hay que infravalorar el trabajo de los segundos. Ambos cometidos periodísticos son complementarios e imprescindibles en las redacciones. Huelga decir lo que hacen los de calle, mitificados en el cine y las series de televisión. Quizá sea menos conocida la labor de los periodistas encerrados entre cuatro paredes, cuya tarea consiste en editar el trabajo que hacen otros compañeros. Hay secciones -quizá el ejemplo más claro sea la de Internacional- donde toda la información que se maneja proviene de fuera, esto es, de las agencias, los corresponsales o los enviados especiales. El periodista de la redacción maneja todas estas fuentes y edita el trabajo realizado por otros. Conversación telefónica A esta reflexión nos conduce una carta de A. Reguera. Este lector coruñés de Oleiros nos envía por correo postal la portada de La Voz del 20 de abril, donde el título que abre el periódico es «Bush telefonea a Zapatero para recriminarle la retirada de los españoles de Irak», y adjunta la primera página de otro cabecero madrileño donde se dice exactamente lo contrario: que fue Zapatero el que telefoneó a Bush. «¿Cuál de los dos periódicos se columpia?», nos pregunta este lector. También desde Vigo, Manuel Casal se ha fijado en el mismo dato y nos escribe: «En la radio y la televisión me pareció entender lo contrario», y confía en que «en el fondo del asunto no haya intencionalidad alguna y se trate simplemente de un error». Mezcla de textos En efecto, la portada del 20 de abril con el titular mencionado nos remite a las páginas 2 a 8 y es en la página 2 donde se desarrolla la noticia a la que hace referencia el titular. La información está firmada por Bárbara Celis D'Amico, nuestra corresponsal en Nueva York, y por Enrique Clemente, responsable de nuestra delegación de Madrid. David Beriain, redactor de la sección de Internacional, editó la página con los textos de ambos periodistas, haciendo una mezcla con lo que le enviaron desde Nueva York y Madrid. Beriain encargó a Bárbara que escribiese sobre la conversación telefónica entre el nuevo presidente del Gobierno español y el presidente de Estados Unidos; y a Enrique Clemente, la información sobre el primer consejo de ministros de Zapatero, del que dieron cuenta Fernández de la Vega, Moratinos y Bono. Transmito a Bárbara Celis las quejas de los lectores y me responde: «Es cierto que fue Zapatero quien telefoneó a Bush, al menos es lo que se contó aquí. En el texto que yo envié -y que te adjunto- decía que Zapatero llamó a Bush pero no explícitamente, lo que pudo dar lugar a confusión y, por eso, al editar mi texto le dieron la vuelta». En la crónica que envió nuestra corresponsal se decía: «Zapatero se llevó ayer su primera reprimenda internacional al comunicarle telefónicamente a Bush su intención de retirar a las tropas españolas de Irak». En el texto que salió en el periódico, este párrafo quedó de la siguiente manera: «Zapatero se llevó ayer su primera reprimenda internacional. George Bush le llamó para comunicarle personalmente el disgusto que le había causado su decisión». Mala interpretación Tras cotejar ambos textos, le pido una respuesta a David Beriain como editor de la página: «Efectivamente, como señalan nuestros lectores, fue Zapatero quien telefoneó a Bush y no al revés, como aparecía publicado en la información. El error fue mío y sólo mío, por lo que asumo mi responsabilidad y pido disculpas a los lectores y a los compañeros que firmaban la información porque ellos realizaron su trabajo con toda corrección y no cometieron ningún error. Yo edité la información que envió nuestra corresponsal en Nueva York, Bárbara Celis, y nuestro delegado en Madrid, Enrique Clemente. Bárbara nos contaba el contenido de la conversación, según había informado el portavoz de la Casa Blanca; mientras que Enrique desde Madrid se hacía eco de los esfuerzos del Gobierno por comunicar a los países de la coalición la retirada de las tropas de Irak. Juntando ambas informaciones, escribí el encabezamiento y malinterpreté la información de Bárbara y la que recibí por las agencias. Mis disculpas, de nuevo». Este malentendido sobre el artífice de la llamada telefónica condujo a que la primera página de La Voz reflejase la información que venía en su interior. Y no hay más cera que la que arde. Sólo podemos ahora lamentar el error, que, en absoluto, es achacable a intencionalidad alguna.