SOSTIENE el Partido Popular que la comunidad internacional es menos fuerte en la lucha antiterrorista tras la decisión de Rodríguez Zapatero de retirar las tropas españolas de Irak, y esta declaración es coherente con la actuación del Gobierno popular y muy en particular con la de José María Aznar. Nada que objetar respecto de su derecho a hacer esta valoración. Lo que no es aceptable es el reduccionismo que excluye de la reflexión el origen del conflicto y su posterior desarrollo. ¿Es más seguro el mundo después de la guerra de Irak? ¿Cabe asegurar siquiera que esta guerra fue una decisión realmente antiterrorista? Lo sorprendente del eje del mal definido por Bush es que, de los tres países que lo constituían (Irán, Irak y Corea del Norte), Al Qaida pintaba poco o nada en ellos. Sin embargo fue Sadam Huseín -un tirano incontestable, pero paradójicamente también un freno contra el islamismo radical- el que se convirtió en el objetivo de una guerra preventiva contra el terrorismo que, visto lo visto, más parece preventiva contra la paz. Algo ciertamente no deseado y lamentable. Aznar, que siempre se sintió poco entendido y menos apoyado por nuestros vecinos franceses (sobre todo durante la crisis de Perejil), nos embarcó en esta guerra convencido de que, con ello, sacaba a España «del rincón de la Historia» para llevarnos a posiciones principales. Era una forma de entender la oportunidad que significaba el nuevo liderazgo internacional de Bush, un presidente neoconservador que se sentía poco comprometido con la ONU y menos aún con una visión multipolar del mundo o con acuerdos como el de Kioto sobre el medio ambiente. Ahí empezó a fraguarse la nueva política exterior española, que tendría su imagen más visible en la foto de las Azores. Es importante recordar esto ante la pregunta de si la comunidad de naciones es más o menos fuerte ahora frente al terrorismo. La lucha antiterrorista es una prioridad del PSOE y del PP, pero el conflicto de Irak ¿es parte de esa lucha o es otra cosa? En cualquier caso es un problema internacional que se debe afrontar desde la ONU, con todas sus consecuencias para los distintos países, también para España, y para Francia.