La forma del regreso

OPINIÓN

LAS REACCIONES a la decisión de Rodríguez Zapatero de sacar con rapidez las tropas de Irak están siendo las lógicas y esperadas, quizá porque, una vez conocido el resultado del 14-M, casi todos asumieron que el compromiso electoral iba a cumplirse. En verdad, si la ONU no tomaba cartas decisivas en el asunto, sólo quedaba una pregunta en pie: ¿cuándo se iba a hacer el retorno? Y aquí, en este punto, se han centrado las reacciones y, naturalmente, las alabanzas y las críticas. ¿Por qué Zapatero se ha apresurado a hacer el anuncio el primer domingo de su presidencia? ¿No debería haber esperado al 30 de junio, plazo señalado como tope? ¿No estaría mejor que hubiese informado previamente al Congreso de los Diputados? ¿No cabía un diálogo más dilatado con EE. UU.? Etcétera. Son algunas de las mil preguntas que formulan quienes han cuestionado la forma, más allá incluso de su opinión sobre el fondo de la cuestión. Quizá porque en el fondo las cosas están más claras: el presidente Zapatero ha cumplido su promesa electoral, y la ha cumplido tan pronto como le ha sido posible. ¿Había formas mejores de hacerlo? Es una cuestión de opiniones y de criterios, pero pocos dudan que una progresiva demora iría llenando de complejidad y de confusión el proceso al no vislumbrarse unas circunstancias más idóneas en el horizonte. El verdadero problema ahora es explicar debidamente lo que no es este regreso de las tropas. Y, desde luego, hay que explicárselo a EE. UU., a quien nunca debimos acompañar en esta guerra, pero con quien debemos mantener unos vínculos inequívocos de entendimiento y colaboración, incluso en la propia reconstrucción y seguridad de Irak si se plantee al amparo de resoluciones inexcusables de la ONU. Es una ardua y difícil labor clarificadora. Pero es indispensable. Porque ya basta de equívocos. También debe explicarse en Europa, sobre todo a franceses y alemanes. No se trata de una victoria del eje franco-alemán sino de la libre voluntad de los españoles, que han manifestado su clara vocación europeísta, para mayor impulso de una UE única, que debe dotarse cuanto antes de una Constitución equilibrada. Ahí estamos.