La secta

ASSUMPTA ROURA

OPINIÓN

16 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LLEGAN CADA DÍA más brutales las imágenes de Irak con puntualidad de reloj suizo. Estremece verlas. Nadie en su sano juicio puede justificar la masacre como precio por la captura de Sadam Huseín. Nadie excepto Bush y su taifa de neofascistas, esos que ahora se comprometen a enviar más tropas a Irak como si la solución pasara por aquí. No son gente que hayan perdido el juicio precisamente, que lo tienen y muy bien equipado: en sus maletas nunca falta una pistola, una bomba, un polvorín, las mejores balas y exquisita dinamita. A sangre fría parecen tenerlo todo muy controlado mientras se desayunan con diamantes, salmón y champán Veuve Cliquot en sus lujosos apartamentos de Manhattan o en sus ranchos de Texas. A saber si fue eso lo que fascinó a nuestro ex, el futuro teacher en Georgetown, acostumbrado él a las plácidas tardes vacacionales en el pueblo de Onésimo Redondo. Cada civilización genera su barbarie y George W. Bush y su troupe son botón de muestra de esa otra cara de la luna que tiene la nuestra. Y no lo son por su condición de conservadores -que habría que ver si resulta afortunado incluirlos en este rango-, sino por ser ejemplo de lo que es una secta mafiosa agrupada en torno a negocios turbios de multimillonarios beneficios cuyo líder fue elegido, con no pocos trapicheos, presidente de los EE.?UU. de América, es ex alcohólico y, según sus propias palabras, le redimió de su adicción a las tabernas el mismo Dios para que salvara al mundo. Bien es cierto que hay que reconsiderar desde nuestra civilización lo que es hoy el mundo árabe, su potencial y sus estrategias, y que habremos de hacerlo juntos reconsiderando también sus intereses y los nuestros. Será un largo camino en el que cabe pensar en muchos desencuentros, algunos teñidos con sangre. Otra cosa es que dicte las órdenes una secta como la que protagoniza la despiadada actualidad. América es un millón de cosas. O más. Ojalá que lo aprenda Aznar en su reciclaje a teacher. Porque yo no le perdono que arrinconara al dialogante Rato de la sucesión por mostrarse contrario a la guerra -y lo sé de primera mano-, y nos coloque a Zaplana de sereno para que a diario nos lea el bando según el cual los que creemos en una España rica por su pluralidad somos armas de destrucción masiva contra una Constitución que ni Aznar votó.