La investidura

OPINIÓN

MAÑANA se celebra la sesión de investidura de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, y en ella conoceremos la formulación precisa de sus prioridades al frente del Ejecutivo. En los últimos días hemos ido sabiendo los nombres de los miembros de su gabinete así como su plan de reajuste presupuestario (con una significativa reducción del número de altos cargos) para generar un ahorro destinado a mejorar inversiones sociales en vivienda, investigación y becas de estudio. En la sesión de mañana es más que probable que dispongamos de una información mucho más detallada sobre estos aspectos, que responden a promesas hechas por el líder socialista durante la campaña electoral. Hasta aquí nada inesperado. Donde se esperan, si no grandes definiciones, sí los apuntes suficientes para atisbar la ruta que se va a seguir, es en el ámbito de la cohesión territorial y las reformas estatutarias, el Pacto Antiterrorista y la política exterior, esos temas que se tienen por más espinosos y que, antes o después, habrá de afrontar el Gobierno socialista. Y en este punto hay que lamentar la escasa o nula generosidad de algunas fuerzas políticas nacionalistas que, antes de conocer las propuestas del próximo presidente, ya han hecho públicas las condiciones para prestar su colaboración. Una forma muy particular de abrirse al diálogo al mismo tiempo que lo neutralizan. Es el caso del PNV apostando decididamente por el plan Ibarretxe a la par que le brinda su colaboración al PSOE si abandona el Pacto Antiterrorista. ¿De qué colaboración están hablando? ¿Qué diálogo quieren si el plan Ibarretxe se mantiene en todos sus puntos? ¿A qué regeneración democrática se refieren? ¿Acaso no ha participado el nacionalismo vasco en la degeneración democrática que denuncia, con sus reiterados incumplimientos? La buena disposición de Zapatero debiera haber encontrado una disposición mucho más favorable en quienes tanto se han quejado de los modos broncos de Aznar. Apostar por un nuevo clima político significa abrirse a negociaciones y pactos, a logros y cesiones, al esfuerzo de entenderse. Todo menos apostarse en el puerto de arrebatacapas a ver qué cae.