Tiempo político

| PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS |

OPINIÓN

MUCHAS VOCES se han alzado ya contra el lento sistema de traspaso de poderes que, tras unas elecciones generales, diseña nuestra Constitución. La lentitud viene dada en buena medida por la pretensión de favorecer Gobiernos fuertes, que tiendan a contar con la mayoría absoluta del Congreso, relegando a mecanismo subsidiario el apoyo de una mayoría relativa. Ello tendría mayor sentido en una democracia incipiente o no consolidada, pero no hoy en día. La flexibilidad de los votos y de los acuerdos, el valor del diálogo y del compromiso de apoyos parciales o temporales forman parte de la mayoría de edad del funcionamiento democrático. Y no deberíamos asustarnos de ello. Ni, por tanto, consumir tantos días y cautelas en la entrega de credenciales y papeles: el tiempo político es vertiginoso y las decisiones no han de venir retrasadas ni mediatizadas por cuestiones de imagen o de partido. Es obligación de los políticos ser y estar en el tiempo.