LOS ALUMNOS que el próximo curso acudan a la Universidad norteamericana de Georgetown van a disponer de unos conocimientos que los demás nunca lograremos alcanzar. Porque el nuevo profesor asociado de política europea contemporánea y relaciones trasatlánticas va a ofrecerles las respuestas que fue incapaz de dar a sus ciudadanos. Después de lo visto y vivido, nadie duda que el nuevo profesor asociado de Georgetown brillará por ser altamente pedagógico. Como corresponde a un hombre ilustrado y además, extraordinario comunicador. Suerte que tendrán sus alumnos. Porque son esas cualidades las que le permitirán demostrar y razonar la semana de Pasión que está viviendo Irak con muertos por todos lados, tumultos a todas horas y enfrentamientos por todas partes. Porque esa explicación se nos escapa a todos los demás. El profesor asociado podrá justificar la reconversión de una misión humanitaria en enfrentamiento a tiros con los chiíes en Nayaf. Y porqué los suniés descuartizan a civiles de la coalición invasora en Faluya. Razonará por qué el país que íbamos a pacificar se nos ha revuelto de tal manera que en estos momentos somos incapaces de saber qué hacer con quienes nos iban a recibir con los brazos abiertos y en olor a multitudes. Hay que ir a Georgetown para entender lo que ocurre en suelo iraquí. Y hacer un par de seminarios en la prestigiosa universidad. Porque desde la posición de un peatón español, que es la que tenemos, nos resulta inexplicable. Nuestros escasos conocimientos nos impiden comprender cómo se puede decir que el país está mejor que hace un año y que se hizo una guerra preventiva para acabar con el terrorismo internacional. El nuevo profesor asociado tiene mucho que explicar. Mucho que enseñar. Pero sobre todo, tiene mucho que aprender.