España va de maravilla

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

MUCHOS españoles que no se habían dado cuenta del estrés político en que vivían, empiezan a sentirse liberados. Muchos votantes del PP que creían que el aznarismo era la única salida posible, se están dando cuenta del valor de la democracia. Muchos socialistas que estaban molestos porque no tenían un líder comparable al del PP, están ahora sorprendidos al ver como ZP se merienda con mostaza a un PP descabezado. Mucha gente que llegó a sentir el dolor de una España acosada por enemigos tan peligrosos como Atutxa y Maragall, está viendo ahora como todo se desinfla al simple conjuro del diálogo. Y hasta da la sensación de que ETA está desconcertada -¡que no nos caiga la soberbia!-, y que, habiendo perdido la posibilidad de abatir al Cid Campeador, quizá no le quede más remedio que preparar el desarme. Pero si estas cosas suceden aquí dentro, donde todos nos conocemos, ¿qué se puede decir de lo que pasa en Europa? La Constitución, que estaba embarrancada en las playas del aznarismo filoamericano y euroescéptico, está reflotada de nuevo. Los procesos de unión -seguridad, inmigración, exteriores y defensa- que estaban boqueando en aguas pantanosas, han empezado a respirar normalmente. La posibilidad de una UE a dos velocidades, provocada por el artificial enfrentamiento entre la vieja y la nueva Europa, está más lejos que nunca. La reconciliciación entre Madrid, París y Berlín parece ya consumada. Y la dura condena al rincón de la historia, que Aznar quiso redimir a base de belicismo y altanería, está dejando paso a un auténtico protagonismo del pueblo español, que, poniendo en la calle a los causantes de tanta tesión y tanto desvarío, acaba de dar una lección de madurez e independencia, dejando muy claro que no somos bananeros, y que sólo podemos colaborar con quien nos trata con la razón y el respeto. Se fue Rato y vino Solbes. Se va Arenas y viene Fernández de la Vega. Se va Aznar con sus broncas, y viene Rodríguez Zapatero con un estilo y un discurso que están resultando impecables. Se va el nacionalcatolicismo restaurado por Rouco Varela y los Legionarios de Cristo y viene la gente del pueblo que reza y peca sencillamente, sin mezclar las churras con las merinas ni dejar que los lleven al cielo encarrilados en la moral positiva. Y todo sin que ZP haya empezado a gobernar. Porque lo que hace que España vaya bien no son las recidivas de Carlos V, sino el trabajo y el sentido del excelente pueblo que somos y nos sentimos. Del «España va bien», que sirvió de lema y pregón del discurso único, hemos pasado a vivir de maravilla. Y es que, por más que algunos se resistan a creerlo, no hay invento mejor que una buena democracia.