LOS INTEGRANTES del nuevo trío sobre el que pivotará el poder en el partido de los vencidos tienen un denominador común desde la víspera de las elecciones. Rajoy, Acebes y Zaplana fueron los tres miembros del PP que, a distintas horas y por motivos de sobra conocidos, comparecieron en televisión en la jornada de reflexión. La primera conclusión, pues, de los cambios en la cúpula de la derecha española es obvia: pretenden reafirmar la honorabilidad de las últimas horas del Gobierno de Aznar, tan minada por la aliteración de acusaciones de manipulación. El presidente en funciones lo dijo este lunes: «Defenderé hasta las últimas consecuencias la dignidad de un Gobierno honrado que ha dicho la verdad». Desde ayer, martes, se sabe que el portavoz de ese Gobierno será el portavoz del grupo parlamentario del PP en la oposición; y que el ministro que atribuyó -en un abuso de imprudencia- el atentando a ETA la mañana del 11-M será el secretario general del PP. Una segunda conclusión de los cambios es que Rajoy ha comenzado la reconstrucción del PP tirando de su mejor aliado en Madrid en los últimos años, el valenciano Zaplana, y de una de las criaturas políticas más mimadas por Aznar, Ángel Acebes. Habrá quien quiera ver en esto último la influencia perniciosa del casi ex presidente. Y habrá quien sepa que los partidos sólo son grandes si guardan los equilibrios. ¿O qué otra cosa que equilibrios entre la vieja y la nueva guardia está haciendo Zapatero para formar su nuevo Gobierno? El futuro del gallego Rajoy dependerá más del resultado de las elecciones europeas que de una zancadilla de Aznar. No es su estilo; él siempre fue de frente.