TITULO este artículo con la traducción literal de la expresión vigipirate con la que los franceses han bautizado la operación de blindaje ante el peligro de atentados terroristas. Puesta en marcha en 1996 al hilo de atentados de células islamistas en París, supone de hecho, además de la suspensión de Schengen (el tratado que elimina las fronteras de la Unión Europea, y que en estos casos vuelven a ser impermeabilizadas en Francia), el despliegue policial por calles, estaciones de metro, cercanías y ferrocarril y puertos y aeropuertos, el sellado de papeleras públicas e incluso de los servicios públicos automáticos y la eliminación de consignas ya sean manuales o automáticas en las estaciones. En las primeras horas que siguieron a la tremenda matanza del 11-M en Madrid no quise hacer mención de todo esto, ante la mera hipótesis de que con ello pudiera aumentar el dolor de toda la sociedad y, sobre todo, el de los familiares de las víctimas. Pero una semana después de la masacre, dilucidados ya sobradamente la jornada electoral y sus primeros efectos, conviene llamar la atención sobre este operativo francés y preguntarme, preguntarnos, qué se había hecho en nuestro país en materia de prevención si el propio ministro del Interior, para fundamentar además la sospecha de la autoría ya descartada de ETA, aseguraba que se sabía que la banda terrorista pretendía cometer un atentado de estas características. Sé que es mucho más fácil realizar un atentado indiscriminado que evitarlo; pero aquí el problema es si hubiera sido posible impedirlo o, en todo caso, disuadir a sus autores de llevarlo a cabo con estrictas medidas de vigilancia que hicieran imposible la sincronización de un puñado de terroristas subiendo sucesivamente en cuatro trenes en la misma estación con similares mochilas que, invariablemente, abandonaban en un vagón del convoy. Conozco -y así lo he destacado en varias ocasiones- la profesionalidad de los hombres y mujeres entregados -más que dedicados- a la lucha antiterrorista en nuestro país. Pero también sé que de la misma forma parte la prevención de acciones, como la vigipirate francesa de la que escribía al principio y que no consiste, como se responde en ocasiones ante cualquier pregunta de este tipo, en poner un policía detrás de cada ciudadano.