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15 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.LA MUERTE tiene un precio. Se hizo justicia en las urnas. La mentira sobre la muerte es la peor mentira. Es una mentira muy gorda, enorme si son doscientos muertos y mil cuatrocientos heridos. Esa mentira no entra por la boca de una urna. Jamás se puede especular con el dolor. El dolor no es un valor que cotiza en Bolsa, que se puede manejar desde los despachos. Con los sentimientos no se juega. España votó con las entrañas. Ahora les tocará a los políticos que han ganado hablar, pactar. Es bueno que los políticos tengan que pactar. Pactar es el origen de cualquier vocación política. Ya está bien de cuatro años de verdades absolutas, de una legislatura esmagando la diferencia. Las 48 horas críticas le han pasado al Partido Popular una factura que ni imaginaban. La derecha debería de reflexionar sobre los dos grandes errores de sus años de ordeno y mando: el Prestige y el atentado de Madrid por la guerra de Irak. En los dos casos, el Gobierno faltó a la verdad. No había marea negra, eran hilillos de plastilina. No había datos sobre islamistas, era Eta. Es sano que haya alternancia en el poder. La realidad nunca es de un solo color. Por eso el arco iris es tan bonito. Ayer algunos vivieron su último telediario. cesar.casal@lavoz.es